viernes, 14 de agosto de 2015

Mitad de año: "El Guimel" de Mauricio Minc

Esta nueva entrega de los trabajos de mitad de año, da lugar al muy buen trabajo de Mauricio Minc, escritor, médico, lector apasionado. Pero por sobre todas las cosas, hincha de Atlanta.
Mauricio ya incursionó muy bien en los policiales, en la poesía futbolera y apasionada y lo hace aquí en la literatura que roza lo erótico, que sugiere, que plantea.
Será un continuador criollo del boom de literatura erótica que corre por otros mundos?. No sabemos, pero somos los privilegiados de conocer uno de sus primeros trabajos.






 El  Guimel                                                                                                
 
No sé  cuándo comencé a enloquecer, trato de pensar en cómo sucedieron los hechos, ordenarlos y tal vez los pueda llegar a comprender.           
                                                                                                
Al doctor Maximiliano Alberto Groise-Potz lo conocí en la Facultad de Medicina mientras cursaba Anatomía Patológica.

Continuamos nuestra amistad durante la residencia médica en el antiguo pero también deteriorado Hospital Durand.

Sabiendo de mi origen judeo-polaco cuando se dirigía a mí se burlaba utilizando el apodo de shlimatzl y yo le contestaba llamándolo ieke. Yo me ocupaba estudiando en los pocos momentos libres mientras el ordinario alemán se dedicaba a la diversión.

-José León Burgesvswicz- decía arrastrando las consonantes, -¡boludo!- repetía, - las mujeres dan placer, no los libros,… shlimazl-.

Compartimos muchas horas en la guardia suturando heridas, acomodando blancas gasas malolientes y las siempre presentes angustias producidas por el dolor. Generalmente aturdidos por llantos de niños, ancianos sin dientes, bellas mujeres histéricas, enfermeras y enfermedades.

En una oportunidad me descubrió entrelazado con la obstetra de guardia. Estuvo un tiempo sin dirigirme la palabra y un día en el quirófano, mientras sacábamos un apéndice, a través del barbijo me dijo: - esa mina salía conmigo, algún día lo vas a pagar.-

Gracias a Max conocí a su prima, la bella aunque extrovertida Berta Esther, de quién posteriormente me casé enamorado. Una seductora mujercita que buscaba el equilibrio entre los muchos primos de la gran familia Groise-Potz.

Cuando terminamos los estudios, esporádicamente  coincidíamos en algún evento familiar, los cuales fueron decayendo con el transcurrir de los años, por eso me sorprendió  su llamado al celular después de cinco años sin contacto alguno.

-¡vení urgente a casa! Por fin te voy a poder mostrar “El Guimel”, el verdadero y autentico Guimel -, esperó unos segundos y continuó:

- tenés el derecho a conocer y es mi obligación mostrarte la  autenticidad del motivo de tantas  horas de conversaciones en nuestras  guardias hospitalarias- y sin darme tiempo para responderle, colgó.

Mientras mis pies corrían con asombrosa velocidad pensé en “El Guimel”, la tercera letra del alfabeto de las hebraicas escrituras. Max siempre se refería al tema durante las largas charlas en las noches de guardia en el hospital. Lo definía con cierto grado de erotismo y perversidad como un  recóndito lugar creado por los dioses para exacerbar la curiosidad investigativa del hombre y la mujer en pos del verdadero goce.  Sería el punto en el cosmos femenino donde convergen todos los placeres existentes en el universo, un lugar único en donde no existe lo convencional ni mucho menos  la palabra fidelidad.

- ¡Dios mío!- expresaron en voz alta mis agnósticas cuerdas vocales - ¡Dios mío! - .

Me hizo pasar al living, sentándome en un confortable sillón y sin mediar palabras encendió  el plasma de 54 y señalando con   su dedo índice las imágenes expresó:      - concentrate en esa pantalla y descubrirás el secreto universal de la mujer, el por qué  murieron como ignorantes anorgásmicas millones de mujeres-.

 Las imágenes se sucedían vertiginosas en transparencias o encimadas frente a mis sorprendidos ojos. Sin solución de continuidad aparecieron manos, torsos desnudos, pechos con hermosos pezones, nalgas y dos cuerpos desnudos perfectamente entrelazados, amalgamados y pegados por el sudor. El gemido saturaba los parlantes, in crescendo y sin pausa incorporaban  poco a poco todos los sonidos del espectro cósmico, desde el suave trinar de un jilguero, el piano, la tormenta y el trombón.

Hermosos ojos, labios y lenguas entrelazadas jugaban una enredada escena.

Y por fin la sagrada visión endoscópica  de la oscura vagina resguardaba “El Guimel”, el mayor tesoro de la femenina humanidad.

Me sentí incómodo ante Max cuando noté que la súbita erección se hacía notoria a través  de mí pantalón, sentí vergüenza por mi reacción de vulgaridad ante el trabajo de un colega.

Mientras observaba absorto la tele, pensaba en el esfuerzo efectuado por mi amigo para realizar este científico trabajo audiovisual, años de estudio e investigación.

Las figuras tomaron forma de un hombre y una mujer, la torneada espalda con un enigmático lunar se movía rítmicamente. En ese instante me dí cuenta que ese lunar y esa espalda resultaban conocidos. La cámara flasheaba con acercamientos hacia los cuerpos y los rostros en un juego intimidante con el espectador y como un rompecabezas en formación comprendí que esa mujer, esa hembra era Berta Esther, ¡mi mujer!,  y el otro, el otro ejemplar era… ¡Max!

En ese instante mi cuello aumento de grosor, sentí un calor sofocante que envolvía la cabeza, al mismo tiempo una catarata de gotas cayeron desde mi incipiente calvicie y rodaban por el canal muscular del torso y entonces, sin poder contenerme le rugí a la pantalla:- ¡Hijos de remilputa, paren de  coger!-.


Durante los siguientes meses me divorcié y entré en depresión. Con el tiempo todo pasó a un supuesto espinoso olvido. La piedra en el zapato siempre duele al caminar y  te recuerda los humillantes momentos vividos.

Me enteré que ahora Max, mi ex amigo, el vengativo doctor Maximiliano A. Groise-Potz continúa ejerciendo la medicina con su vocación natural de ginecólogo o toco-ginecólogo, o como le gusta definirse en la intimidad, “nacido para tocólogo”.

Me comentaron que en la placa de bronce en la entrada de su consultorio se lee “Médico de Señoras” pero yo ahora sé perfectamente que el piensa que debería decir “Me dedico a tu señora”. Dicen que la sala de espera siempre se encuentra completa y todas las mujeres que están en la antesala tienen una expectante sonrisa.

La señora Berta Esther ex de Burgesvswicz o sea mi ex, formó grupos de autoayuda y varios talleres creativos relacionados con “El Guimel”.

Su pareja actual lo publicita en Internet con el título “Como usar plenamente el  G-mail”; me contaron además, que todas  sus alumnas exhiben una misma e  incipiente estúpida sonrisa.     

          
Y yo, yo me alejé durante un largo período del sexo opuesto. Hoy soy un reconocido urólogo que sigue tratando de encontrar “El Guimel”, pero debido a mí especialidad lo busco en los hombres, en una incesante exploración del punto que ahora denomino con ferviente  excitación: el prostático punto “P”.

 

                                                                                                                       Mauricio Minc

 

 

                                         

jueves, 6 de agosto de 2015

Mitad de año: "Los ex" de Teté Morales.



Teté Morales es una señora canosa, dueña de tiempos sutiles, de imágenes pictóricas que describe en sus textos y -entre otros dones- un humor alegre y esperanzador que -creo yo- acopió en sus recorridos por distintos pueblos y regiones de su infancia.
El texto "Los ex" surgió de una consigna en la que propusimos escribir sobre la categoría de los ex, , reflexionando sobre la medida en que cada ex novio, amigo, lugar o lo que fuere, ha quedado o no en el pasado y nos impregna o no.
El resultado del trabajo nos sorprendió gratamente, por eso lo compartimos. Teté además de ser una bella narradora es, por supuesto (digo por supuesto porque las almas sensibles suelen alojar más de un interés); ella es pintora y este cuadro suyo  ilustra el texto.






                        LOS EX                                                                                                                                 
 
Ascensor ,un pasillo y cincuenta computadoras en los escritorios  rodeados de vidrios. Allí se sientan todos los días a las ocho en punto de la mañana ,las personas que sólo logran ver las caras de los que se ubican a la derecha ,a la izquierda y apenas hasta el mentón, de los que tienen enfrente.

.Un  “Buenos días” dicho en forma más o menos cordial y apresurada , es el tiempo que tienen para enterarse que hay otros como ellos en la empresa y después ocupan sus  lugares  Más allá con escritorios más grandes y la luz que pasa del cielo a través de los ventanales, están las oficinas de los que lograron ascender

Papelerío, teléfonos que suenan y llamadas de los jefes, hacen que esa colmena comience a zumbar y moverse .Recién en la pausa del café o del almuerzo volverán  a encontrarse.

Sobre cada pequeño lugar se mezclan papeles, un jarro de café, portarretratos de algún ser querido y a veces hasta alguna flor, para que el día deje de ser  sólo un engranaje de piezas que se mueven ordenadamente .

En todos los escritorios se repite más o menos  lo mismo ,  menos en  el de la vecina de Juan. Sólo alcanza a ver de ella una frente  y el pelo cobrizo. Su sitio está limpio total de caricias No hay nada más impersonal que esa madera que sostiene la computadora y los papeles del trabajo del día. Si por casualidad levanta la vista , sus ojos verdes ,que dejan a Juan sin aliento, lo miran como quién mira una pared.

Hace poco que trabaja en la empresa y pareciera que no tiene ningún interés de conocer a nadie Las pausas  que reúnen a los demás, para ella no existen.

.Cuando la jornada de trabajo termina, un “Hasta mañana” impersonal , precede su taconeo por el pasillo que la lleva hasta los ascensores de puertas de acero.

La rutina cambia un día.

Un cadete se acerca al escritorio de Mónica Valdez , y le dice algo al oído que hace que se levante como un resorte. Al fondo del pasillo hay un  hombre que la espera .Lo mira y con gesto nervioso saca un pequeño espejo de la cartera, se arregla el pelo y se dirige hacia él. Juan la sigue con la mirada, pero la distancia le impide escuchar las palabras  ,sólo puede ver los ojos furiosos de él y a ella que lo toma de las manos  con un gesto implorante. El hombre se suelta de las manos que lo retienen. Del bolsillo de su campera , saca un llavero con varias llaves y se lo entrega con una mueca de enojo, llama el ascensor, las puertas se abren y desaparece. Ella se queda mirando esas láminas de acero que la apartan del hombre que acaba de irse, como si su reflejo pudiera hacer de imán para que regrese Baja la cabeza, vuelve a su escriitorio, cruza  los brazos y apoyándose en la desnuda madera rompe a llorar. Sus compañeros miran sin disimulo esa cabeza de melena cobriza que tan altiva parecía por la mañana. Nadie se acerca a preguntar que le pasa.

Después de unos segundos Juan se levanta. Rodea la fila de escritorios ,se inclina sobre ella y tomándola suavemente de un brazo ,como si la conociera de toda la vida, le dice –Mónica levantate, salgamos de acá, vamos a tomar un café –

 Ella asiente con un movimiento de cabeza y lo sigue. También lo siguen las miradas de los cuarenta y ocho compañeros que estiran sus cuellos en un vano intento de averiguar qué pasa.

Caminan hasta la  cafetería de la esquina y se sientan en una mesa alejada. Las lágrimas siguen corriendo por la cara de ella -¿Cómo sabés mi nombre? Pregunta mirándolo por primera vez.

Juan le señala el cartelito de acrílico prendido en el vestido y mostrándole el suyo, se presenta-Juan Roca, tu vecino de escritorio. Mozo dos café ¿Tomás café verdad? -.Ella se suena  la nariz con una de las servilletas, suspira y mirando al vacío contesta -Si gracias me va a venir bien-

-Me dejó-dice mientras  se mira las manos que retuerce con angustia.

 

El mozo se acerca con los cafés-Otra pareja en líos –piensa-Pareciera que me persiguen ¡Carajo! Siempre me toca atenderlas y con sus problemas se olvidan de la propina-

-No tenés necesidad de contar nada –la ataja Juan.

¿Vos pensarás que es un desgraciado?-le dice  mientras lo mira  con los ojos verdes ya sin lágrimas

-Yo no pienso nada ,no sé que pasó entre  ustedes-contesta Juan, decidido a perdonarle lo que fuera mientras esos ojos lo sigan mirando..

 Pero ella como si no lo escuchara ,continúa-La verdad es que fui yo ,con su mejor  amigo.-Habíamos discutido por una pavada en una fiesta y él se fué. Yo estaba bastante borracha y furiosa.  El desgraciado se me acercó y me ofreció su hombro para llorar .Una cosa llevó a la otra y terminamos en la cama. ¿Te das cuenta? ¿Su amigo? Qué hijo de puta ¿Y yo su pareja de casi tres años? Más desgraciada todavía.

Juan no decía palabra ¿Cuántas veces él también había hecho algo parecido? La verdad no era quién para juzgarla. Decidió que lo mejor era poner punto final a esa confesión de la que no quería saber nada más

-¿Estás más tranquila?¿Volvemos a la oficina?-Ella lo miró ,leyó el cartelito del nombre y le dijo-Juan Roca , tenés un apellido que te vá justo .Me hizo mucho bien que me escucharas-Sacó su espejito y se arregló el maquillaje .Juan pagó los cafés y le dejó una buena propina al mozo- ¿Vamos? – le preguntó.

 Se levantaron , corrieron las sillas y se fueron juntos

Si ex es una palabra tan corta para nombrar el pasado ¿Cuál podría ser igual de corta para nombrar el futuro?

Mitad de año: "Algunos pecados capitales dentro de la cocina francesa" de Marcelo Gouiran.


En otra entrega de los textos de mitad de año, tenemos "Algunos pecados capitales dentro de la cocina francesa" de Marcelo Gouiran.
Marcelo es un escritor nato. Hombre de una imaginación fantástica e inalcanza, gran lector, hacen en estos relatos honor a sus raíces francesas y nos regala un viaje culinario por la antigua Francia, dejándonos no sólo con ganas de seguir leyendo sino también de probar alguno de sus guisos tradicionales, de varios días de cocción.    

  

Algunos Pecados Capitales Dentro de la Cocina Francesa

 
LA GULA


Campiña Francesa 1949.
 
Raimond Baumed, viajante de comercio, tiene un desperfecto en su
automovil y se ve obligado a pedir ayuda en la chacra del matrimonio
Durrie.  La única mano que le pueden dar, es remolcarlo hasta la casa,
pués para ellos, ya es muy tarde y el taller mas cercano queda a varios
kilómetros de distancia.   Al día siguiente se ocuparán del tema.
La pareja el Sebastien y ella Madelaine, son sencillos campesinos, de
buen porte el marido algo regordete, de grueso bigote, mal afeitado y
ella, una espectacular bretona, blanca, rubia muy bonita, bien formada y
muy simpática.
Dada la hora, no tienen mas remedio que invitar a Raimond a cenar y
luego a pernoctar en la vivienda.  Típica casa de campo sencilla pero
limpia.  La cocina que también hace las veces de comedor y lugar de
estar, está calefaccionada por un enorme hogar donde cuelga una
monumental olla, de la cual emana un aroma, que dada la hora y al no
haber probado bocado durante todo el día, el espíritu de Raimond se
desdobla de su cuerpo y se zambulle dentro de la marmita pidiendo una
hogaza de pan para soparlo en la salsa que es estupenda.
Volviendo a la realidad, Madelaine, invita a los hombres a sentarse ya
que la comida esta lista.  El invitado, se sienta en el lugar de honor y
recibe el primer plato de ese suculento guiso bourgiñon, se lo devora con
fruición pasando el pan como corresponde y degustando el vino de la
bodega vecina que también es estupendo.`  Raimond, que sabe de
cocina, es un muy buen gourmet, piensa que en su vida ha probado
nada igual, al no ofrecerle repetir se anima a pedir otro plato, a lo que el
dueño de casa se niega, y  con bastante mal modo le increpa,  “…que el
guiso debe durar toda la semana”.
Con esto concluye la cena.
Lo invitan a pasar al dormitorio y con algo de asombro, ve que solo hay
una gran cama camera.  Le indican como debe ubicarse, la señora
Madelaine, en el medio de los dos hombres y como es lógico Raimond al
lado de ella sobre uno de los costados.  A  todo esto, Sebastien ya ha
caído en un profundo sueño. 
Raimond, bastante extrañado por la situación, nota además que Madelaine se acurruca junto a el, y comienza a aligerarse el camisón, comienzan a besarse e inician los juegos de manos, ya han llegado a  una suerte de éxtasis. Entonces sucede que Raimond, súbitamente, suspende los juegos y le dice imperativamente a Madalaine: 
                    “…..quiero otro plato de guiso!!!!

 

               
LA LUJURIA

 

El chef en jefe de uno de los más renombrados restaurants Parisinos
era, sin duda, un personaje lujurioso, pues no dejaba de tener en forma
constante pensamientos de naturaleza sexual desordenados e incontrolables.
Tan es así, que en la cocina contaba con una pequeña habitación para
su “descanso” que invariablemente se convertían en abusos lujuriosos
hacia su personal femenino.  A veces no eran tan así, pues Romuald
Gascón, era bastante buen mozo y muy seductor,y su personal
femenino, accedía placenteramente a sus encantos.
Los ayudantes de sexo masculino, por el contrario, lo detestaban
profundamente porque consideraban que no era ni lugar ni momento el
uso de la habitación en plena actividad de la cocina.
Probablemente también había algo de envidia y de celos profesionales
pues Romuald era un gran creativo de la comida y no había mejores
platos que los que hacia él.
Sabiendo de los descontroles del Chef, los patrones, hacían la vista
gorda, pues la gran mayoría de los comensales le seguían fielmente. Ya
había tenido algunos disgustos en otros lugares pero al ponerlo en
patitas en la calle, el restaurant perdía invariablemente gran parte de su
clientela.
Romuald, tenía además otra de sus incontrolables y desaforadas
actitudes, que consistían en ejercer una suerte de derecho de pernada
sobre las nuevas ayudantes de cocina.
Pero resulta ser, que un día se presentó buscando colocación, una joven
con buenos antecedentes y con el ánimo que le diesen trabajo de
asistente.  La pobre Valeria, no sabía donde se había metido.  Romuald
comenzó la  explicación sobre  las tareas que debía desarrollar y le
consigue un uniforme para que se lo pudiese probar y de ser necesario
ajustar las medidas del mismo.  Cuando Valeria ya se encontraba en
ropa interior, Romuald, se le abalanza y la pobre bastante ágil, se
desembaraza de él y comienza a correr, desembocando en el comedor
que, para ese entonces pleno medio día, estaba con la totalidad de los
comensales.   Estos ven azorados a Valeria corriendo entre las mesas
en bombacha y corpiño, y Romualdo en calzoncillos y como no podía
ser de otra manera con el gorro de cocinero puesto (se olvidó de
sacarlo).
La clientela no lo puede creer, algunos señores suponen que es una
parodia, con el propósito de divertir a los clientes y comienzan a reírse a
carcajada limpia, las mujeres no tanto, pero aparece el patrón y los hace
salir a patada limpia.
Romualdo, fue recriminado y le obligaron a tomar un calmante para
frenar en lo posible, sus adicciones lujuriosas. No se sabe si le dio
Laresultado, se cree que no  …….a  la pobre Valeria no la tomaron.

  

LA IRA


A orillas del Loire se encuentra la localidad de Villandry, donde en su
Grand Hotel, esta noche se ha de festejar el matrimonio de dos jóvenes
hijos de importantes apellidos de la región.  Con tal motivo, han
contratado unos de los más importantes chefs de París quien ha viajado
con su séquito para no encontrarse con sorpresas la noche de la fiesta.
Pero esa noche no se esta de parabienes, el Bouef Bourgignon, no esta
saliendo como Nicholas Porvieu el chef, se lo ha propuesto, ha querido
innovar para brindar un plato, más que original y esta saliendo desabrido
con excesivo  gusto a vino que le agrega a destajo para que tenga algo
de sabor, pero la cocción no reacciona.
Para completar el fastidio que se esta armando ha experimentado con
diversas alternativas de soufflé que ni con grúa se eleva. Nicholas, esta
realmente desesperado.  Más cuando siente que los invitados están
llegando y los mozos comienzan a servir el copetín con los bocaditos
que  hasta el momento fue lo único que le ha salido bien.
Para colmo de males, los novios han contratado un grupo de cinco
mariachis   que no dejan de cantar “adiós Mariquita linda”, y si hay algo
que Nicholas odia es la música Mejicana, tema que va completando su
ngustia y desesperación, lo cual convierte todo esto en un estado de
profunda ira.
Los asistentes siguen batiendo claras pero no hay caso, el soufflé no
levanta la ira de Nicholas es tan grande que va tomando los soufflés uno
por uno y los arroja por la ventana, donde caen al patio por donde entran
los invitados a la fiesta, enchastrando los smokings de los jóvenes y los
vestidos floreados de las señoritas. Al instante llegan los padrinos, al
padre de la novia le alcanza un soufflé que le arranca el bisoñe y a la
madre del novio un pedazo de bourgignon, se derrama en el importante
escote y a los gritos debe meterse en el baño, pero el olor a vino no se lo
saca en toda la noche.  Ambas madrinas lloran desconsoladamente
Los jóvenes acompañantes quieren agredir al Chef, pero este, presa del
ataque de ira que le ha tomado, sale blandiendo el conjunto de sus
cuchillos y gritando como un loco desaparece en la noche.
Al dia siguiente la policía lo encuentra gritando y maldiciendo a los
soufflé subido a un árbol aún presa de su ataque de ira.