viernes, 31 de julio de 2015

Mitad de año: "Al pasar a DGI" de Olivia Bertini


Un buen comienzo para la muestra de fin de año es de la mano de Olivia Bertini, que con sus decires norteños le da una cadencia especial a tiempos no tan lejanos.

Olivia, además de una gran narradora, es pintora -entre muchas otras cosas, según vamos descubriendo- y nos dejó esta hermoso retrato hecho por ella para acompañar la lectura.





"AL PASAR A DGI" de Olivia Bertini
Trabajé en la empresa ferrocarriles argentinos más de treinta años. Cuando subió Menen al poder decidió deshacerse de ese medio de transporte. La empresa  ferroviaria esa muy grande.  Tenía muchas gerencias, la de vía y obras, mecánica, tráfico, comercial, personal. Había que reubicar  a todos sus trabajadores. Al personal que le faltaba pocos años para jubilarse les ofrecian un retiro voluntario a cambio de cierta cantidad de dinero, al resto, los mandaron atrabajar a DGI.

Entre ellos estaba yo. Hubiera querido renunciar, pero lamentablemente no pude hacerlo. Era viuda con cuatro menores a cargo.

El día que me citaron, fui a la oficina de DGI que me indicaron.  Nos juntamos cerca de cincuenta personas.  Nos iban nombrando e indicando a dónde debíamos presentarnos. Para el final quedamos tres ingenieras  yo y dos más. Eran más jóvenes, traté de convencerlas que si no nos mandaban a algún lugar más o menos acorde con nuestros estudios no aceptáramos. Pero no lo  conseguí. Nos enviaban a una oficina  que se estaba disolviendo. Era de grandes contribuyentes nacionales. ¿Qué función tendríamos allí? Me imaginaba haciendo remitos, etiquetando cajas con documentación. Mis colegas jóvenes aceptaron.

Yo me dirigí a la persona dedicada a la tarea de distribuir al personal y le dije: “creo que conmigo se han equivocado o no leyeron mis antecedentes. Soy ingeniera y jefa de departamento. En ferrocarriles esto representa un tercer nivel debajo de gerente.   La persona que tenía la tarea de ubicar a los ferroviarios creo que no supo qué hacer conmigo y me mandó a una agencia que quedaba cerca de mi casa.

Me atendió la jefa de la agencia. Mientras ella me hablaba  yo pensaba qué trabajo podía llegar a hacer  allí .  sólo algo administrativo. En eso irrumpió en el despacho una señora y me dijo: “que suerte que viniste estamos necesitando una dactilógrafa”, a ella la fulminé con mi mirada y a mí casi me da un infarto.

A la jefa le expresé lo mismo que al señor que me había atendido antes y además le dije que al otro día iba a ir a la oficina de personal a aclarar mi posición y presentar mi disgusto ante tamaña afrenta. Las 20 cuadras que había de la agencia a mi casa me fui caminando y llorando. Cuando llegué mis hijos no sabían cómo consolarme. Todos alrededor mío me abrazaban y me decían: “Mamá no te preocupes.  Todo saldrá bien. Vos lo vas a conseguir” y  apenas logré serenarme busque mi título y todo lo que podía servirme para avalar mi reclamo.

Esa noche me comuniqué con un colega. Le pregunté a dónde lo habían mandado a él. Me respondió  a una oficina de estudios donde había una señora  que era doctora en matemáticas, otra que hacía estadísticas y unos cuantos licenciados en economía.

Al día siguiente muy temprano partí para la oficina de personal en la sede central.  Debo reconocer que me atendieron bien, me escucharon. Por mi parte, como dice el refrán: “ni corta ni perezosa” enseguida les hablé de la oficina que me había recomendado mi amigo y pregunté si allí habría un lugar  para mí. Por suerte lo consideraron y lo conseguí.

En ese lugar estuve cerca de diez años.  Realizaba estudios económicos sobre los impuestos.  Tarea ésta bastante fácil para un ingeniero.

Lo único rescatable de mi paso por DGI fue el sueldo. Cuando ingresé me dieron el mismo que tenía en Ferrocarriles, pero acá además repartían entre los empleados un porcentaje de los ingresos que DGI tenía por impuestos. No todos los empleados recibían lo mismo sino que había una escala por rendimiento que iba de 0% a 100%.  La clasificación del empleado la hacía el jefe. A mí personalmente me otorgaban un 75% y a veces un 50%.  Esto representaba casi un sueldo más,  necesario para la crianza de mis hijos, para poder pagarles los colegios, los útiles, los paseos y por supuesto la comida y los remedios cuando lo necesitaran.

Ojalá que algún día recuperemos los Ferrocarriles que supimos tener, no solamente los coches y vagones sino lo fundamental para que todo funcione bien, que las vías y señales estén en condiciones.

3 comentarios:

  1. el cuento bien describe una triste realidad que padeció gran parte de los profesionales en este país, en una época olvidable.
    Personalmente me hubiese impactado un diálogo con la jefa de la primera oficina de la DGI, que describiera la carga de angustia y rabia de la protagonista.
    mauricio

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  2. Gracias Mauricio, es cierto ese diálogo podría sacar chispas!! Gracias de nuevo por leerlo e interesarte.

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  3. Me gustan los cuentos sobre el ámbito laboral. Podrías sumar otros relatos de Ferrocarriles Argentinos. ¿Cómo era trabajar allí? ¿Qué cosas pasaban?

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