miércoles, 23 de julio de 2014

"La rifa", por Marcelo Gouiran


LA RIFA
 
 
por Marcelo Gouiran
Un tema que guardo con gran cariño por lo mucho que me divertía y por el dinero que me procuro, fue cuando tuve mi primer trabajo.   Este fue en una enorme Compañía de Seguros, tenia solo dieciocho años.  El salario que me pagaban era muy magro para mis ambiciones de tener buenas pilchas y buenas compañías femeninas. 

Elucubrando una tarde que mi jefe estaba de reunión, pense que podría tener una entrada extra haciendo un negocio que a nadie podía hacerle mal y que a mi me brindaría un benefició interesante. El mismo consistía en “RIFAR MI SALARIO”. Llegue a esta conclusión haciendo estos números muy sencillos; la Compañía de Seguros, tenía un personal total de 250 empleados. El salario promedio –salvo los Gerentes y Directores- era de $ 1.500.- (muy buen promedio para el año 1965)

Yo solo ganaba la mitad del promedio. El calculo que armé,  fue el siguiente:  si me compraban la rifa al menos la mitad de los empleados, bajo la perspectiva de tener un premio que significaba un incremento de alrededor del 50% de su salario, el atractivo del único  premio (pues no habría otro) podría ser muy interesante y el magro costo de la rifa que lo calcule en $20 podia ser accesible para todo el personal, más teniendo en cuenta que solo habría 125 números.

Pero para mí, los 125 números al precio de venta de la rifa, significaba un ingreso de $2.500.- Seguramente más que el salario de un Director o del propio Presidente de la Compañía.  Eso no lo sabía pero si lograba concretar este negocio, me sentiría un ganador. Eso, si que lo sabía.

Puse manos a la obra y al cabo de tres meses esta rifa que sorteaba por la Lotería Nacional  ya, tenía la casi la totalidad de los empleados de la Compañía y algunos Jefes y Gerentes también.  Tal es así que tuve que incrementar la cantidad de rifas a vender, dada la gran demanda de mis compañeros de trabajo.  Mis ingreso monetario se vio incrementado vigorosamente.   Por supuesto trabajaba más y mejor que nunca, amaba la Compañía y me divertía lo cual significaba que ostentaba un trabajo ideal. 

Mis amigos algunos muy conservadores, que yo los catalogaba como cagones, me decían que iba a terminar en cana, pero mi ambición era mas fuerte y seguía como si nada.

A todo esto, sabía que la Cía. de Seguros que era subsidiaria de un Banco enorme, no solo por la importancia de la entidad financiera sino, por el numero de empleados que tenía (realmente la cantidad de personal era lo único que me importaba, para lo que estaba pensando).

Era obvio que ante el éxito de la operación en Seguros, debía incrementar mi facturación en el ámbito bancario.  A tal fin conseguí un compinche.  Este, que oficiaba como Sub. Jefe de la Sección de Créditos Agropecuarios del Banco.  Julián, su nombre y a partir de aquel momento,  mi socio en el Banco.  Al  estudiar detenidamente (como buen bancario) y al hacer cálculos con la totalidad de las Sucursales en el Gran Buenos Aires y en el interior, pide una participación algo exagerada, pero discutible (personalmente me alegró pues significaba que yo ya tenía un pié dentro del banco).    Luego de una larga discusión, arribamos a un acuerdo razonable, dado que yo sería el creador y el único responsable del proyecto.

Por otra parte, ya se había corrido la voz dentro del Banco y en las Sucursales del próximo lanzamiento de la “Rifa Banco” como así la llamamos.  Dado la cantidad de participantes que estimamos contar nos vimos obligados en duplicar el numero de premios-sueldos.  Uno para la Rifa Seguro y otro para la Rifa Banco (no fui muy creativo en la denominación de los concursos pero si explícito).  Estaba seguro que los amigos bancarios debido al numero de personal que aportaban, indudablemente iban a reclamar un segundo premio para la Rifa Banco. Este tema se vería más adelante.

El Banco aportaba gran cantidad de  concursantes, que más los habituales sector del Seguro, hacían un total cercano a los cuatrocientos habituales participantes de la RIFA.(mi exitoso emprendimiento).  A razón del mismo precio por número, me daba un ingreso total de haber multiplicado casi por doce mi salario..-.  Ignoro cuanto ganaba el Presidente del Banco pero ya lo podía mirar de soslayo.

Hasta que el tema,  como todo buen y pingüe negocio, y  sin mucho esfuerzo, no podía durar mucho.   Fue el día que uno de los directores pescó a su Secretaría –Lucy-  (que había tenido un ligero affaire conmigo; ahora visto de lejos, no fue tan ligero)-  comprando tres rifas a uno de mis asistentes (ya contaba con varios de ellos, pues, solo no lo podía hacer y además del cómplice en el banco ya tenía mi eficiente organización.).  Ellos -secretaria y asistente- fueron duramente amonestados tal vez porque no le habría dado participación  al Director -no lo se-.  Lo que si se es que Lucy, ante un rapto de arrepentimiento le confesó al Director de nuestra relación más que afectiva  y me entere después es que también Lucy era o había sido amante del Director. Habrá sido por eso la enquina que me tomo?  Probablemente si!.

Lamentablemente, Lucy, seguramente la mejor y más bonita de todo el elenco femenino, era el complemento ideal para mi feliz permanencia en la Empresa, pero no sabía que era algo bocona y largó todo detalle de mi organización.  El Director, tomó su doble represalia, una por envidia, porque seguramente ganaba más que el y otra por celos de haberle robado su querida.

A mi quien era el alma mater e inventor del sistema, me pusieron de patitas en la calle, pero al fin,  fui en los  mas de doce meses que duro el negocio de la “RIFA” uno de los empleados que mejor retribución tuvo en la Empresa.   (......y además fue un extraordinario divertimento).

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