Un tema que guardo con gran cariño por lo mucho que me divertía y por el
dinero que me procuro, fue cuando tuve mi primer trabajo. Este fue en una enorme Compañía de Seguros,
tenia solo dieciocho años. El salario
que me pagaban era muy magro para mis ambiciones de tener buenas pilchas y
buenas compañías femeninas.
Elucubrando una tarde que mi jefe estaba de reunión, pense que podría tener
una entrada extra haciendo un negocio que a nadie podía hacerle mal y que a mi
me brindaría un benefició interesante. El mismo consistía en “RIFAR MI
SALARIO”. Llegue a esta conclusión haciendo estos números muy sencillos; la Compañía de Seguros,
tenía un personal total de 250 empleados. El salario promedio –salvo los
Gerentes y Directores- era de $ 1.500.- (muy buen promedio para el año 1965)
Yo solo ganaba la mitad del promedio. El calculo que armé, fue el siguiente: si me compraban la rifa al menos la mitad de
los empleados, bajo la perspectiva de tener un premio que significaba un
incremento de alrededor del 50% de su salario, el atractivo del único premio (pues no habría otro) podría ser muy
interesante y el magro costo de la rifa que lo calcule en $20 podia ser
accesible para todo el personal, más teniendo en cuenta que solo habría 125
números.
Pero para mí, los 125 números al precio de venta de la rifa, significaba un
ingreso de $2.500.- Seguramente más que el salario de un Director o del propio
Presidente de la Compañía. Eso no lo sabía pero si
lograba concretar este negocio, me sentiría un ganador. Eso, si que lo sabía.
Puse manos a la obra y al cabo de
tres meses esta rifa que sorteaba por la Lotería Nacional ya, tenía la casi la totalidad de los
empleados de la Compañía
y algunos Jefes y Gerentes también. Tal
es así que tuve que incrementar la cantidad de rifas a vender, dada la gran
demanda de mis compañeros de trabajo.
Mis ingreso monetario se vio incrementado vigorosamente. Por supuesto trabajaba más y mejor que
nunca, amaba la Compañía
y me divertía lo cual significaba que ostentaba un trabajo ideal.
Mis amigos algunos muy conservadores, que yo los catalogaba como cagones,
me decían que iba a terminar en cana, pero mi ambición era mas fuerte y seguía
como si nada.
A todo esto, sabía que la Cía. de
Seguros que era subsidiaria de un Banco enorme, no solo por la importancia de
la entidad financiera sino, por el numero de empleados que tenía (realmente la
cantidad de personal era lo único que me importaba, para lo que estaba
pensando).
Era obvio que ante el éxito de la operación en Seguros, debía incrementar
mi facturación en el ámbito bancario. A
tal fin conseguí un compinche. Este, que
oficiaba como Sub. Jefe de la
Sección de Créditos Agropecuarios del Banco. Julián, su nombre y a partir de aquel
momento, mi socio en el Banco. Al estudiar
detenidamente (como buen bancario) y al hacer cálculos con la totalidad de las
Sucursales en el Gran Buenos Aires y en el interior, pide una participación
algo exagerada, pero discutible (personalmente me alegró pues significaba que
yo ya tenía un pié dentro del banco).
Luego de una larga discusión, arribamos a un acuerdo razonable, dado que
yo sería el creador y el único responsable del proyecto.
Por otra parte, ya se había corrido la voz dentro del Banco y en las
Sucursales del próximo lanzamiento de la “Rifa Banco” como así la
llamamos. Dado la cantidad de
participantes que estimamos contar nos vimos obligados en duplicar el numero de
premios-sueldos. Uno para la
Rifa Seguro y otro para la
Rifa Banco (no fui muy creativo en la
denominación de los concursos pero si explícito). Estaba seguro que los amigos bancarios debido
al numero de personal que aportaban, indudablemente iban a reclamar un segundo
premio para la Rifa Banco.
Este tema se vería más adelante.
El Banco aportaba gran cantidad de
concursantes, que más los habituales sector del Seguro, hacían un total
cercano a los cuatrocientos habituales participantes de la RIFA. (mi exitoso
emprendimiento). A razón del mismo
precio por número, me daba un ingreso total de haber multiplicado casi por doce
mi salario..-. Ignoro cuanto ganaba el
Presidente del Banco pero ya lo podía mirar de soslayo.
Hasta que el tema, como todo buen y
pingüe negocio, y sin mucho esfuerzo, no
podía durar mucho. Fue el día que uno
de los directores pescó a su Secretaría –Lucy-
(que había tenido un ligero affaire conmigo; ahora visto de lejos, no
fue tan ligero)- comprando tres rifas a
uno de mis asistentes (ya contaba con varios de ellos, pues, solo no lo podía
hacer y además del cómplice en el banco ya tenía mi eficiente
organización.). Ellos -secretaria y
asistente- fueron duramente amonestados tal vez porque no le habría dado
participación al Director -no lo se-. Lo que si se es que Lucy, ante un rapto de
arrepentimiento le confesó al Director de nuestra relación más que
afectiva y me entere después es que
también Lucy era o había sido amante del Director. Habrá sido por eso la
enquina que me tomo? Probablemente si!.
Lamentablemente, Lucy, seguramente la mejor y más bonita de todo el elenco
femenino, era el complemento ideal para mi feliz permanencia en la Empresa , pero no sabía que
era algo bocona y largó todo detalle de mi organización. El Director, tomó su doble represalia, una
por envidia, porque seguramente ganaba más que el y otra por celos de haberle
robado su querida.
A mi quien era el alma mater e inventor del sistema, me pusieron de patitas
en la calle, pero al fin, fui en
los mas de doce meses que duro el
negocio de la “RIFA” uno de los empleados que mejor retribución tuvo en la Empresa. (......y además fue un extraordinario
divertimento).
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