miércoles, 23 de julio de 2014

"Por qué tan lejos?", por María Pía Lancelotti


¿POR QUÉ TAN LEJOS?
por María Pía Lancelotti 
¡Qué complicado va a ser subirse al auto!  Algo de todos los días,  hoy me parece una hazaña. Por más que el chofer lo arrimó bien a la vereda, y la modista sostiene  cola y tul, veo muy difícil entrar por ese ángulo. Tengo que cuidar el peinado y el tocado,  que no me roce con el borde de arriba. Atenta a cada parte de tu cuerpo,  me digo a mi misma, que no toque nada los costados. Controlo el movimiento de la caída y ya está,  lo logré. ¡Estoy sentada!  Rosa, aparece por el otro lado y arregla todo, termina de poner el tul en la luneta de atrás. Yo me siento adelante, me dice. ¡Arranque!, le ordena ella al chofer adueñándose de la situación. El,  me mira por el espejo y me pregunta con los ojos .Vamos, le contesto  y se me escapa un suspiro.

Fue raro el día de hoy, como una película. Me levanté y en casa todo era un caos. Mamá no paraba de hacer cosas, papá veía la repetición de un  partido, el teléfono sonaba y nadie atendía. El resto dormía. Por suerte al medio día pasó Vicky y nos fuimos al hotel. Comimos como dos reinas en la habitación y nos reímos a carcajadas. Después  llegaron todos. Maquilladora, peluquera, modista y me dejé llevar por el torbellino de actividad. Me porté como un maniquí obediente, dejándoles hacer. Llegó papá y el fotógrafo. Nos sacamos fotos en el lobby. Las típicas, sola,  con el ramo. Con papá muy formal con su jaqcuet, derechito. Con Vicky nos relajamos y divertimos,  le sacamos la lengua y mandamos besos a la cámara. Selfies. ¡Ni loca las bajes ahora! ¡No quiero que nadie me vea! Nos abrazamos y despedimos .Ella iba en su auto y  llevaba a papá. Lo habíamos discutido mucho,  yo quería ir sola. Papá es insoportable para estas cosas. Además no se banca un viaje hasta Pilar sin fumar. Ni loca lo dejo  hacerlo  en el auto, así que decidimos que se fuera con Vicky y me esperara en la Iglesia. También a quién se le ocurre una Iglesia en Pilar,  repitió por enésima vez. A mi suegrita, a mi suegrita. Miro por la ventana. Tomamos Figueroa Alcorta rumbo a zona norte. Me encanta esta avenida. Pasamos canal 7. Llegamos a Palermo y doblamos por Dorrego, el hipódromo está todo encendido. ¿Nerviosa? me pregunta Rosa. No tengo ganas de hablar. Maso,  le digo y sigo mirando por la ventana. Tomamos Libertador  y nos acercamos a mi barrio. Pienso en la vorágine de estos últimos meses,  demasiadas cosas que decidir, demasiada gente metiéndose a opinar, demasiadas discusiones con Martín.  Tan ocupados en decidir qué flores, qué música, si lomo o pollo. La guita saliendo a raudales. Los viejos de los dos metiéndose en todo.  Nos tendríamos que haber ido de  viaje solos y a la mierda, era la frase detonante. La que moría por la Iglesia y la fiesta era yo, es verdad pero lo habíamos decidido entre los dos. Y si , si llegaba a decirte que no ….. Y así seguíamos hasta que el enojo se volvía cómico y las risas nos distraían y terminábamos como siempre arreglando todo en la cama.

Me están saludando. Unas chicas sacan sus celulares por la ventana y me sacan fotos.  Me siento Máxima, comento.  Todos reímos en el auto. Nos tocan bocina y yo  saludo. Le voy a contar a Vicky. Pero, ¡no tengo el celular! Obvio ¿ Dónde lo iba a meter?. Me agarra ansiedad, ¡ no puedo comunicarme! ¿Me prestás tu celu Rosa? Me lo presta,  pero me doy cuenta que no sé el número de Vicky, ni el de Martín, ni el de nadie!  Maldita tecnología. No memorizo ni un número. Sé el de casa.  Llamo,  obvio no hay nadie, que tarada,  ya estarán todos en camino. ¿Será así?  ¿Si llega a pasar algo,  cómo me avisan??!!  Estoy entrando en pánico. Le devuelvo el teléfono a Rosa. Respiro,  más que eso resoplo como hacen las parturientas.  Me tengo que relajar.  Miro por la ventana,  ya estamos en la autopista. Veo más gente saludándome desde sus autos.  Voy a estar atenta,  capaz veo el auto de Martín o el de Vicky o el de alguien .Todos deben estar viajando. Por favor,  que no pase nada.  ¿Por qué mierda me dejé convencer por mi suegrita?  Si ya se para no tener otro quilombo con Martín.  ¡Pero qué lejos! Teniendo San Benito a la vuelta.  

Yo quería casarme en San Benito,  pero eso fue otra historia. Es nuestra Iglesia, decía siempre Nacho.¿ Por qué aparece él  en este momento?  Es obvio porque. ¡Éramos tan chicos! Y un día nos casamos. Entramos a San Benito, tan grande, tan luminosa y en el altar, nos casamos. “En el sacramento del matrimonio son los esposos los ministros”.  Eso habíamos aprendido en el colegio. Como también nos habían pretendido convencer de que el sexo se vive más plenamente en el matrimonio. Por eso encontramos la solución a mis tabúes  y fuimos y nos casamos .Nosotros dos y Dios de testigo decíamos. Y así fue que vivimos nuestra primera vez libres de culpa. ¡Basta! Tengo que pensar en otra cosa. Vamos por el carril lento. Ya estamos por Unicenter.  Tengo sed. Rosa no tenés agua, ¿no?  No querida. Qué tonta, no me di cuenta de traer una botellita.  ¿Querés que paremos a comprar algo? ¿Te parece? Le pregunta Rosa al chofer. Y si, paremos, decido yo. No tengo plata. No te preocupes, yo te pago. Ahí está la YPF.¿ Qué te compro? Una coca light. ¡AY  Camila mirá si te manchas !  Es verdad. Un agua sin gas, mejor. La gente me mira. Yo sonrío y saludo.  Me gritan ¡¡suerte!!  ¡¡ Qué viva la novia!! Vuelve el chofer con el agua. Cuidado no te corras el labial. Rosa disimula muy mal su malestar. Debe estar pensando: ¡ esta pendeja!. Pero bueno,  yo tengo sed. Con cuidado tomo un sorbo que me refresca y humedece mi lengua y mi garganta.

Arrancamos. Vuelta al carril lento. Vuelvo a mirar por la ventana. ¿ Por qué tuve que pensar en él? Con el lío de los últimos días había podido sacarme su pedido  de la cabeza. El día que fui a buscar a San Benito mi fe de Bautismo, el destino, Dios o no sé qué mierda,  me jugó una mala pasada.  Salí de la Iglesia y decidí ir a comer algo al Solar.   Ahí me lo encontré. Obvio,  si vive a la vuelta. Hacía como tres años que no lo veía y ya  7 desde que habíamos terminado.  Fue un noviazgo tierno,  suave, pero muy largo. Empezamos muy chicos y después de tantos años ya no sabíamos ni por qué nos habíamos elegido.  Decidimos separarnos. Fue duro al principio. Pero después le tomé el gustito a la joda y diversión de salir con amigas, conocer  tipos y todo eso que viví hasta que  conocí a Martín. Siempre gracioso, ocurrente, con una energía desbordante. Me encantó.  A partir de ahí  fue todo tan acelerado y rápido que ni pensé en Nacho. Pero aquel día en el Solar, casi me muero. Estaba cambiado. Muy distinto al de 7 años atrás. Muy hombre. Me temblaron las piernas y creo que al principio tartamudeé un poco. Pero al rato,  mientras tomábamos un café,  reconocí  esa comodidad de hace unos años. Nos hicimos un breve resumen de nuestras vidas. El había tenido un par de relaciones, pero nada serio. Yo, me estaba por casar. Riendo me dijo, no podes, ya estás casada.  Jaja que gracioso, que inocentes éramos. Y ahí lo dijo. Yo volvería a hacerlo. Nunca pude olvidarme de vos. No te cases. ¿Qué le pasaba? ¿Era estúpído? ¿Cómo me iba a decir algo así a meses de casarme? 

Las bocinas me hicieron darme cuenta que estaba a punto de llorar. No, el rimmel!!  Aguantá , abrí los ojos!! Me abanico con las manos. Basta tengo que dejar de pensar.  Tengo que pensar en otra cosa. Tendría que estar Vicky acá. Ella estaría hablando sin parar y me distraería. Pero… en este caso no sé .Cuando se enteró lo de Nacho me rompió la cabeza preguntándome si estaba segura, que casarse no era joda, que todavía estaba a tiempo. ¿A tiempo de qué? ¿Estás loca?  Ya tengo todo organizado: la fiesta, el vestido,  las participaciones!!! AH!, pensé que estabas segura  porque amás a Martín  y es el hombre con el que querés compartir tu vida. Al escucharla decir esto me quedé callada  .Como ahora.  Ya faltaba menos .Tomamos el ramal Pilar. Pronto llegaremos al peaje y en un rato más a la Iglesia. Escucho la voz de Vicky. Todavía estás a tiempo .Menos mal que no vino conmigo .Se me cruza la imagen de Thelma y Louise. Las dos escapando en el auto. Y  escucho a Vicky cantar dos días en la vida nunca vienen nada mal. Me sacudo la imagen de la cabeza. Ya estamos en el peaje. Otra vez saludos.  ¿Y si me estoy equivocando?  ¿Si no es Martín el hombre de mi vida? ¿Por qué mi encuentro con Nacho fue tan movilizante? ¿Qué hago?? Necesito hablar con alguien.  Necesito parar y pensar. ¡¡¡Necesito escapar!!! Ya sé,  les pido parar en la próxima estación de servicio. Busco una excusa para que se bajen del auto, me paso adelante y me voy. Y manejo y manejo. Para cuando todos empiecen a preocuparse por mi tardanza, ya voy a estar lejos y voy a poder a parar a pensar. Me los imagino  en la Iglesia, conmocionados. Primero se preocuparán pensando que tuvimos un accidente. Cuando confirmen que no, Martín se va a atacar. Mi suegra  pensará en los invitados ¡Qué horror! ¡Un bochorno!  Mi viejo,  a punto de infartarse,  se va a fumar hasta los dedos. Mi vieja va a buscar con la mirada a Vicky y la va a encontrar sonriendo. Ahí va a entender todo. Vicky va a bajar la mirada cuando tropiece con la de mi mamá pero no va a poder dejar de sonreír, orgullosa por la valentía de su amiga. Si. Lo tengo decidido,  es lo mejor. No puedo hacer algo para toda la vida si tengo dudas. Ahora pienso una excusa  para parar y que se bajen estos dos del auto.

¡Llegamos Cami!. Sonreí que ya te están filmando. Quedate sentada que te ayudo a bajar. Y yo sonrío.  ¿Está pasando?  O  ¿es una película? No me dan tiempo, me llevan .Vuelvo a ser el maniquí. Mi papá me da un abrazo y me paro mirando la gran puerta de madera. No puedo dar ni un paso. ¡ No puedo dar este paso!  Suena un timbre.Ya es la hora, me dice mi papá al oído y su aliento a mentol me despabila un poco. Las puertas se abren. Las caras me sonríen y  escucho Pompas y Circunstancias.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario