miércoles, 23 de julio de 2014

"Y después, que se jodan los otros!", por Florencio Casas


Y después, que se jodan los otros!
por Florencio Casas
 
 Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se disparó un tiro en la sien derecha.

J. D. Salinger

Un suicidio te puede levantar cualquier muerto. Te gustaba cómo venias llevando el relato hasta ahora pero te perdiste y se transformó en un camino sinuoso, le falta sustancia y  que lejos estás de un buen final. Es el momento para el viejo recurso del suicidio. Ya está, el cuento se termina en una línea y la sorpresa te exime de cualquier inconsistencia.

Con el plus de que todo lo que dijo o hizo el suicida en su último día le da otra luz al relato:  como con Ramirez, el que vivía enfrente de mi casa.

El tipo era un amargo, depresivo. Estaba enfermo de cáncer. Pero ahora que me acuerdo hacía ya varios años que le habían hecho la  quimio ¿Seguiría enfermo?

Estaría llegando a los setenta años y estaba juntado con Emilia.

Una tarde lo visita un amigo. ¿No era año nuevo?  ¡Qué hijo de puta!  Sí, era un primero de enero. La cosa que les pide a su mujer y al amigo que vayan a comprar helado.

Inocentes, van a comprar helado.  Ramirez era pintor y escultor, bueno, es una forma de decir, ¿Quién es pintor y escultor o simplemente mancha un lienzo cada tanto o suelda unas chapas? No sé. Para mi hacía unas cosas horribles, unos payasos tristes, unas escenas de jesucristos torturados. El problema no eran los motivos, el tema era la espantosa combinación de colores y trazos que lograba. Lo único que me atrajo un  poco de las cosas que hizo era un perro de hierro que parecía un cocodrilo. Todavía está en una especie de techo bajo del frente de la casa. Se ve que no lo pudieron sacar.

No va el tipo y se cuelga de un limonero que tenía en el patio. No estamos hablando de un parque con un montón de árboles, no, era un patio chico, lo único que entraba era un limonero. Y ahí se colgó y se ahorcó. Era grande, robusto, seguro que pesaba más de 100 kilos. Que inconsciente elegir un limonero!, y ¿si se rompía la rama? Pero sobre todo la desproporción, esta claro que de arte no entendía nada, retiro lo dicho, ma’ que pintor, ni escultor: Un chapucero! Un hobbista chapucero! Que imagen tan decadente, semejante hombrazo colgado de un limonero.

Y ahí llega Emilia con el amigo. Un año nuevo más, repitiendo la tarde aburridísima de todos los años, pero estarían contentos porque traían helado y quién no se pone contento cuando va a tomar un helado. ¿Lo habrán llamado? – Ricardo, llegamos! 

Y apenas entraron en la cocina lo tienen que haber visto, porque la ventana de la cocina daba al patio: ¡Qué desagradable! ¡Qué susto se debe haber pegado la vieja!
¿Con que detalle habrá terminado este cuadro macabro? ¿Estaría en piyama? ¿En musculosa y calzoncillos?

Dentro de todo una buena para Emilia, a media cuadra de mi casa hay un puesto policial. Los canas vinieron enseguida. Igual hicieron barullo como les gusta a ellos. Estacionaron un par de patrulleros en la puerta y al rato cayó la ambulancia. Lo tuvieron que bajar entre cuatro, con el calor que hacía!!!

Ramirez vaya a saber si por maldad, negligencia, o lo más probable, por improvisación dijo:  Yo me mato así  y después, que se jodan los otros.

En la cuadra los vecinos buscaban razones:

- La hija no le hablaba

- Estaba quebrado

- Era impotente y tenía alergia al viagra.

¡qué falta de respeto! ¿Cómo invadir la privacidad de esa manera?

Elegir la propia muerte, el suicidio, es una decisión suprema. ¿Hay elección más personal?

Yo jamás me metería con  los motivos. Pero guarda, tampoco vale todo, hay que prestarle atención al cómo. Sobre todo en esta época en que no importa el contenido sino la forma.

Toda la elección estuvo mal, no era ni el día, ni el lugar, ni el método. ¿Qué culpa tenía el limonero? Pero después de lo que pasó Emilia lo iba a tener que sacar ya que todos los días le iba a traer el recuerdo. Y el amigo, anda a saber de dónde había venido el pobre tipo, no se le hace eso a una amistad.

Para mi madre el suicidio era uno de los peores pecados. Un pecado que Dios no perdonaba y dejaba al tipo perdido en el limbo por toda la eternidad. Para mi es como con otros temas, ¿bien? ¿mal? ¿Qué se yo? Todo depende del ámbito y sobre todo de la medida.

Cuando visitaba a mi padre hubo muchas veces en que me imaginé que lo iba a encontrar muerto. Nunca pasó, hay gente que se queja mucho y se suicida poco.

Pero volviendo a mi vecino, me intriga saber qué pasó con el helado, ¿lo habrán metido en el freezer? O encima de todo el bajón se les derritió. Y Ramirez, ¿Qué gusto habrá pedido? Seguro que el hijo de puta pidió helado de limón.

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