miércoles, 23 de julio de 2014

"Felisa", por María Teresa Morales


FELISA
por María Teresa Morales
 
-Felisa levantate, ya me voy. Tenés mate cocido en la olla sobre las brasas y un poco de pan.
Felisa miró soñolienta a su mamá. Estaba  alzando, con una mueca de dolor, la ropa que había lavado el día anterior. Esa mañana  muy temprano cuando ni siquiera el sol tenía ganas de levantarse, escuchó entre sueños los ruidos de su papá y los dos hermanos que salían a trabajar. El olorcito a la ropa que su mamá planchaba era reconfortante. Parecía que los rayos de sol se habían quedado enredados entre los linos blancos y el calor de la plancha  los estiraba.

-Todavía un ratito más –pensó Felisa y se volvió a dormir arrullada por esos ruidos y olores familiares.
-Felisa , levantate , no te vuelvas a dormir. No te olvides de todo lo que te dije-

Un beso suave le rozó la frente. Sintió abrirse la puerta y el frio de la mañana que se colaba adentro antes que la mamá, con un nuevo ¡Felisa!! la cerrara.
Apartó las delgadas cobijas que apenas la abrigaban en la noche y tiritando de frio, se vistió con la gastada pero limpia ropa de todos los días. Se sirvió el mate cocido calentito mojando el pan que ya estaba medio duro en el jarro y se sintió tibiecita por dentro. El chucho de raza indefinida y pelaje áspero que era su perrito querido y que la seguía a todas partes, la miraba con ojos ansiosos. Puso un plato en el suelo, enfrió el mate cocido que quedaba y mezcló las migajas de pan que le había apartado. Bastante  trabajo le costó que en su casa lo aceptaran. Al final su mamá  convenció al tata que lo aceptó rezongando, mientras decía que en esa casa no había dinero para dar de comer a ese perro holgazán.

Salió al patio, rompió la escarcha que se había formado por la noche en el agua de la bomba, llenó el balde  que apenas podía cargar, lo llevó a la casa, puso el agua en el fuentón y lavó los jarros que quedaron del desayuno. Barrió  el piso de ladrillo y estiró las mantas de las camas. Volvió a llenar el balde, tiró el agua sucia en el patio de tierra, echó el agua limpia en el fuentón  y puso a remojar la ropa sucia de cal y pintura de su tata y los hermanos. Tomó el dinero que su mamá le había dejado sobre la mesa y salió con el perro pegado a sus talones, para comprar lo que hiciera falta y lo que alcanzara, para el puchero de la noche. Felisa cantaba, bailaba y jugaba con el chucho que saltaba junto a ella mientras caminaban. Al fin de cuentas el perrito aún era un cachorro y Felisa sólo tenía  diez años.
Casi no sabía leer, apenas lo que en algún rato su hermano mayor le enseñaba. Ellos iban a la escuela nocturna. Para eso se deslomaban cada día sobre andamios y silletas, poniendo  con el padre ladrillo sobre ladrillo, construyendo y pintando casas ajenas. Pero Felisa no. Su tata le decía que alguien tenía que quedarse en la casa, que para qué quería saber otras cosas si con aprender lo que su mamá le enseñaba tenía de sobra . De mala manera había tenido que aceptar que los muchachos fueran a la escuela. Era su mujer la que les metía esas estúpidas ideas  en la cabeza. Siempre que debía  hacer un presupuesto o leer algún pedido, se restregaba los ojos y se quejaba de la mala vista que desde chico tenía. La verdad era que nunca aprendió a leer y su amor  propio le impedía confesarlo.

Felisa estaba por cumplir los quince cuando su mamá, esa mujer trabajadora e incansable comenzó a estar cada vez más y más cansada.
-Felisa- le decía- tenés que seguir tratando de leer y escribir .Tu papá no es malo, pero es más terco que el burro de don Joaquín y yo ya no tengo fuerzas para seguir peleando con  él -seguía diciendo, mientras acariciaba el pelo negro y enrulado de su hija.

Felisa la miraba con ojos tristes.
-Mamá vaya al hospital, capaz que el médico le da algo y se mejora-insistió .

-Ni loca, al hospital va la gente a morirse. Si esto se me va a pasar .Es flojera nada más.
Felisa veía que su mamá, cada vez tenía menos ganas de nada. Decidió llamar por su cuenta a doña Juana, una mujer vieja y sabia, que los había traído al mundo a ellos tres y que entendía de todos los males y tenía un yuyo para ayudar a cada quien. Vino como quien viene de visita,a tomar unos mates y contar lo chismes del lugar. Siempre  hacía reír a su mamá.

Cuando se iba, Felisa corrió detrás de ella y ya lejos de la casa, le preguntó-¿Qué tiene mi mama’?¿porque mi tata no nos dice nada?¿porque ya no grita y la mira de reojo a cada rato?-
 Doña Juana la miró con sus ojos sabios y le dijo-Su mama´ está muy cansada-.

-Sí, eso ya lo sé, pero ¿Cómo la va a curar de eso?-insistió Felisa.
-Yo no puedo curar a los que se cansaron de vivir-le contestó.

-Entonces ¿se va  a morir?¿Cuándo?¿Cuándo? –preguntó Felisa con angustia
-Cuando ella quiera-dijo mirándola con tristeza doña Juana.

Le acarició la cabeza, dio media vuelta y se fue a curar a otros, a quienes las ganas de vivir no los había abandonado. En el camino, doña Juana  se cruzó con el padre y los hermanos que venían de trabajar. Al llegar, el padre, la agarró de un brazo a Felisa, la sacó afuera  y a los gritos, le preguntó que hacía en la casa esa vieja bruja. Por primera vez Felisa enfrentó a su padre:
-¡Me dijo que la mama´ está cansada de vivir y que  cuando ella quiera, se va a morir!-le gritó Felisa

 -¡Mocosa estúpida! ¡Que no se te ocurra decir eso!-dijo don José y le cruzó la cara de la primer cachetada que le dio en su vida.
Felisa lo miró con asombro, se largó a llorar, pegó media vuelta  y corrió hasta que se quedó sin lágrimas y sin aliento.

Pero doña Juana tenía razón. Ese corazón que tanto luchó, cada vez se alejaba más de todos. Dormía, en la cara surcada de prematuras arrugas, una sonrisa plácida  dibujaba  sus labios  Cuando Felisa le preguntaba:-¿mamá con que soñaba?-ella la miraba y volvía a sonreir. Una noche aquello que soñaba la envolvió por completo y se la llevó a un mundo feliz donde no había madrugones en las mañanas heladas, ni preocupaciones, ni  miedos a llegar tarde. Los despertó el grito de dolor del padre y se dieron cuenta que su mamá se había ido a  aquel lugar que le dibujaba sonrisas en la cara-
Felisa se encargó entonces de todo aquello que su madre realizaba. Sus hermanos se fueron yendo de la casa. El menor se casó y ayudado por su padre, levantó poco a poco su propia casa. El mayor, el que le había enseñado a leer, después del servicio militar se  incorporó con el grado de cabo en la base aérea que estaba a pocos kilómetros y venía sólo a dormir. El padre en cambio, de mandón y cascarrabias que era, se fué poniendo cada vez más callado y sombrío.Dejó de trabajar y comenzó a beber. Cada día llegaba más tarde y más borracho a la casa. A veces Felisa se despertaba sobresaltada y lo veía inclinado sobre su cara, oliendo a alcohol y con una mirada extraña. Pocas veces iba a trabajar y casi todo lo que ganaba, lo dejaba en el boliche. Felisa empezó a tener miedo de esa mirada, que la seguía todo el tiempo que pasaba en la casa.Como extrañaba a su mamá, su mirada cariñosa y la palabra suave que calmaba los enojos de su tata.

¿Por qué se había cansado de vivir si ella la quería tanto? Y sintió mucha rabia de lo que doña Juana le había dicho y rabia porque su tata la extrañaba tanto, que se había convertido en alguien  que no era su tata, alguien a quien le tenía miedo cuando  estaba en la casa.
Una noche que su hermano estaba de guardia, llegó a la casa más borracho que nunca. Felisa ya dormía. La levanto a los empujones mientras le gritaba:

-¡Tu mamá se fue, ella era mi mujer ,ahora vos vas a ser mi mujer! ¡Mirá ,si sos igualita a ella!, y trataba de arrancarle el camisón remendado de su mamá que Felisa usaba  para sentir más cerca a la que se había ido . Seguro que la hubiera violado allí mismo, casi la dominaba, cuando el perro convertido en tigre, saltó y le hincó los dientes en un brazo-
-Perro de mierda¡¡soltame!!-gritaba mientras lo sacudía y golpeaba.

Pero el chucho gruñía, y no soltaba su presa. Felisa  salió afuera llorando desesperada y se refugió en la casa de la vecina amiga de su mamá.
Su tata golpeó hasta cansarse la puerta  gritando-¡¡Felisa, Felisa!!—

Hasta que la policía alertada por la vecina, se lo llevó a dormir la borrachera a la comisaria. Cuando se lo llevaban lloraba y decía-¡¡Que hice, que hice!!-
-Te vas a pasar unos cuantos días adentro , hasta que esto se aclare.-le decía el agente, mientras  lo arrastraba esposado.

Felisa volvió a su casa temblando. Tenia una inmensa  angustia y mucho miedo. Se acurrucó en su -cama abrazada a su perrito. Se sentía mas desamparada que nunca.
-Mamá ¿por que me dejaste?- y lloró hasta que el sueño pudo con su pena.

Cuando empezaba a amanecer sintió un beso leve en su frente y la voz de su mamá que le decía:-Felisa , levantate , llevale la ropa blanca a la señora Teresa, Felisa , no te olvides de todo lo que te dije-
Felisa se sentó de golpe en la cama.-¿Mama’?¿Mama’?-Pero no había nadie.

¿Que le llevara la ropa blanca a la señora Teresa? Pero ese trabajo, lo hacia su mamá no ella. Ella solo la acompañaba a veces y se quedaba jugando con la hija de la señora, que casi tenía su edad. Se acordaba que eran muy buena gente, su mamá siempre se lo decía.
También cuando la consolaba  porque su tata se negaba a que fuese a la escuela,  le repetía -Hijita no te olvides nunca que Dios nos regala un amanecer cada día.-
Si, ¡claro que si! su mamá siempre tuvo la suavidad de los fuertes y ella también la tendría. Sabía que su casa ya no era su casa, que no podría vivir allí ni un minuto más. El miedo se trasformaba en asco…La señora Teresa …,por algo su mamá se lo decía. Iría a verla. A alguien tenía que contarle lo que había pasado en esa noche horrible.

Se vistió, tomó un poco de mate y con el perrito pegado a sus piernas encaminó sus pasos hacia la casa de la señora Teresa. A esa hora sabía que la encontraría. Era maestra en la escuela nocturna donde  habían estudiado sus hermanos y mientras caminaba, una idea se formaba en su cabeza. Tal vez la señora necesitaba alguien que la ayude. Ella no precisaba dinero necesitaba antes que nada, un techo donde guardar su angustia.
¿Y si me animo y le pregunto?, y si no necesita a nadie, ¿Qué hago , donde voy?-se preguntaba.

Felisa se crió entre la suavidad de su mamá y el carácter bravo de su padre, esta era la primera decisión que tomaba sola. Bien o mal, siempre fue guiada o protegida  por la familia. Pero ahora sus hermanos no  iban a poder protegerla cuando  su padre saliera del calabozo. El menor vivía lejos, además  con su familia ya tenía bastantes bocas que alimentar. José el mayor, cuando se enterara de lo ocurrido era capaz de golpear  a su padre, pero él no estaba siempre en la casa. Todas esas ideas cruzaban por la mente de Felisa .Una vez más se acordó de su mamá, de su fuerza, de su suave determinación que lograba todo lo que se proponía. Ella también podía ser así, ella también  buscaría su camino y estaba segura que podría encontrarlo de una forma u otra. ¿Acaso su mamá no le decía que Dios nos regala un nuevo amanecer cada dia?.Ella tendría que buscar ese amanecer.
Pensando en todo esto, llegó a la casa de Teresa.

-Felicita, ¡que alegría! desde  el entierro de tu mamá que no te vimos más. Clarita me decía si te habías olvidado de nosotros, dijo Teresa mientras la estrechaba entre sus brazos.
Esa era la primera demostración de cariño que Felisa recibía desde que su mamá había muerto.El nudo que tenía en la garganta se desató y aunque se había prometido ser fuerte, esos brazos conocidos y confiables hicieron que las lágrimas acudieran  otra vez

-Feli ¿Qué te pasa? contame-
-¿Está  sola señora?, a Felisa le daba vergüenza que otros escucharan su historia

-Si Feli ¿Qué te pasó? Pedro esta dando clases y Clarita en el colegio.-
Felisa se secó con el dorso de la mano las lágrimas que no dejaban de brotar y entre sollozos le contó lo ocurrido. Teresa ,como docente de aquel pueblo de provincia sabía de muchos casos iguales, sabía que pronto soltarían al papá de la joven y que lo que no había ocurrido entonces, terminaría por ocurrir, que otra vez una vida joven, estaría arruinada .

–Pasá, tomemos un té, tranquilizate-le dijo Teresa pasándole un brazo por los hombros delgaditos
-Señora usted ¿no necesitaría alguien que la ayude en la casa? A mí no me interesa la paga, sólo necesito un lugar para no tener que volver a mi casa-Ya está, ya lo había dicho.

Teresa la miró con sus ojos que sabían de tantos dolores parecidos y le dijo-No te preocupes, a tu casa no  volvés, cuando venga Pedro hablaré con él. Andá  sentate en el living y ya veremos-.
Se sentó y al sentirse segura , se quedó dormida. Su perrito, con las orejas tiesas ,la esperaba haciendo guardia afuera.

Cuando llegó Pedro el marido de Teresa, maestro como  ella, le dijo -¿Qué hace ese perro afuera?¿de quién es?-
Teresa se puso un dedo sobre los labios haciéndole  señas que se callara ,hizo un movimiento con la cabeza  señalándole el sillón donde Felisa se había quedado dormida y tomándolo de la mano, se lo llevó a la cocina, cerró despacio la puerta para no hacer ruido y mientras sacaba el pastel de carne del horno y le servía una buena porción ,comenzó a contarle lo sucedido. Los rayos de sol que iluminaban el lugar , el fragante olor de esa comida preparada con amor y la compasión que la voz de su mujer  trasmitía ,hacían que lo narrado pareciera más desagradable aún. Su marido la escuchaba en silencio mientras comía. Cuando su mujer terminó el relato , la miró y le dijo:

-Teresa ¿Cuántas veces escuchaste esto en la nocturna?-No te podés hacer cargo de todas las desgracias ajenas que pasan por tu vida. Además  esta chica tiene a su hermano ¿está en la base aérea? Debe ser buena persona ¿no?-
-Sí pero  a esta chica la conocemos de chiquita. El hermano no está nunca en la casa ¿Cómo puede evitar estas cosas?-dijo Teresa ,tratando de poner de su lado al marido.

-De todas formas hay que avisarle a su hermano, no te olvides que es una menor .Después de hablar con él veremos que pasa-y Pedro siguió comiendo,sin muchas ganas de continuar con el tema.
-Pero Pedro-trató de insistir Teresa.

-Nada de peros, primero hablar con el hermano, ya veo que como siempre en estos líos que te metés termino yo teniendo que poner la cara ¿Qué hay de postre?-
Teresa casi lo fulminó con la mirada. Típico de los hombres ,no entender nada de un caso así. Se mordió los labios para no contestarle .Sabía que al final ,él tendría que que hablar con quién fuera necesario. Mejor conservar la paz. Cuando terminara de comer y descansara un rato volvería con el tema.

En ese momento  se  abrió la puerta  y un torbellino de  trenzas rubias y guardapolvo blanco entró a la cocina.
-Hola mami ¿Qué hace Feli durmiendo en la sala?¡que lindo perrito está en la puerta!¿es el de Feli no? ¿Le puedo llevar comida?¡hola papá!¿que hay de comer?-todo fue dicho atropelladamente y sin pausa. Se sacó el delantal y mientras se lavaba las manos en la pileta de la cocina,volvió a preguntar-¿Qué hace Feli en casa mamá?--

-Clarita, una cosa por vez-dijo Pedro, que adoraba a  su hija.
-Felisa está aquí porque se peleó muy feo con su  papá-contestó  su mamá-Si, el perrito es el de Feli y no, ahora primero comés vos ,después le llevás si querés al perro. Hay pastel de papas. Sentate y comé.

-¡Ya me imaginaba yo que Feli se iba a pelear con su papá! Es un viejo cascarrabias y además ahora  borracho. ¿le pegó? Hizo bien en venirse  a casa ¿no papá?--
-Creo que hizo bien-dijo Pedro mientras miraba atentamente el resto de pastel de carne que quedaba en su plato. Teresa lo miraba con una sonrisita irónica.

Clarita quería mucho a su Feli .Se acordaba que cuando acompañaba a su mamá, se quedaba jugando con ella y escuchando con atención su parloteo .Que la hacía las trenzas y la ayudaba a vestirse si su mamá se quedaba  charlando con la mamá de ella. Feli apenas le llevaba cuatro años pero sabía hacer muchas más cosas que ella .Lo que Feli no podía hacer era leerle cuentos, pero  eso no le importaba .La quería igual.
-¿Clarita ,vos como sabés que el papá toma?-la interrogó Teresa

-Porque todo el mundo sabe que desde que murió la mamá se volvió un borracho y porque me la encontré a la vecina de Feli en la calle y me contó-contestó Clarita.
-¿Y que más te contó?-preguntó alarmado Pedro

-Eso ,que se había vuelto borracho-
Pedro respiró aliviado, no quería que su hijita se enterara todavía de las cosa feas que ocurren en la vida.

-¿Y donde está el papá ahora?-siguió preguntando Clarita
-Está en la comisaría-le contestó Teresa-porque “le pegó” y por borracho-

-Entonces que Feli se quede en casa ¿no papá? porque José está en la base y capaz que si lo sueltan al papá, le vuelve a  pegar. Puede dormir en la piecita del fondo ¿no mami?-
-Preguntale a papá  Clarita, dijo Teresa mirando a su marido

Pedro miró a su mujer .Teresa parecía muy ocupada en lavar los platos, pero aquella sonrisita irónica no se había borrado de su cara.
-Si hijita ,por ahora puede, contestó resignado.

Clarita corrió a la sala. Felisa estaba despierta  y rezando para que dijeran que podía quedarse.
-Feli, Feli ,dice papá que te podés quedar¡ Vení, vamos a darle de comer a tu perrito y después arreglamos la piecita de atrás para que duermas  allí!-¿vos ya comiste? Mami ¿le podes dar pastel de carne a Feli?¡Está riquísimo!-de nuevo todo fue dicho sin pausa ,mientras tironeaba de un brazo Felisa llevándola hacia donde estaban sus padres.

Felisa la abrazó con fuerza, entró a la cocina, miró a Teresa  que sonreía y a su marido y le dijo:
-Muchas gracias don Pedro-

Mientras tanto, Pedro repetía para sí –Ya veremos ,ya veremos-No tenía demasiadas ganas de echarse al hombro ese problema.
Esta historia en realidad puede seguir de dos maneras .La primera, cuando la compasión y el amor por los semejantes  vence  al  no te metás, cuando decidimos jugarnos por una persona  y apostar por ella para que pueda ser alguien que camine recto por la vida y con el ejemplo dado por quienes la contuvieron cuando todo se le volvia al revés, ayudarla a cumplir una meta y decirle que no al mal camino y a la desdicha de una mala soledad

El otro final,el más trágico y desgraciadamente bastante común, es cerrar las puertas  del corazón,  acallar la culpa y mirar para otro lado ,seguro que alguien se ocupará ,o no, de solucionar el problema.
Me gusta más el primero  y pensar que Felisa llegó, amparada por ese hogar y por el recuerdo de su madre , a ser algo más que una criatura asustada. Que con su decisión pudo lograr lo que su mamá soñaba  para ella ¿tal vez  ser maestra y ayudar a otros que como ella encontraran el buen camino en su vida? Para eso, algo hay que sacrificar siempre  y a veces la vida nos arrastra con vientos tan encontrados que no tenemos tiempo ni ganas de pensar en los demás.

¿De qué manera se atreverían a terminar  la historia ustedes? Piénsenlo bien, al igual que para Pedro, la decisión no es simple.

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