FELISA
por María Teresa Morales
-Felisa levantate, ya me voy. Tenés mate cocido en la olla
sobre las brasas y un poco de pan.
Felisa miró soñolienta a su mamá. Estaba alzando, con una mueca de dolor, la ropa que
había lavado el día anterior. Esa mañana
muy temprano cuando ni siquiera el sol tenía ganas de levantarse, escuchó
entre sueños los ruidos de su papá y los dos hermanos que salían a trabajar. El
olorcito a la ropa que su mamá planchaba era reconfortante. Parecía que los
rayos de sol se habían quedado enredados entre los linos blancos y el calor de
la plancha los estiraba.
-Todavía un ratito más –pensó Felisa y se volvió a dormir
arrullada por esos ruidos y olores familiares.
-Felisa , levantate , no te vuelvas a dormir. No te olvides
de todo lo que te dije-
Un beso suave le rozó la frente. Sintió abrirse la puerta y
el frio de la mañana que se colaba adentro antes que la mamá, con un nuevo ¡Felisa!!
la cerrara.
Apartó las delgadas cobijas que apenas la abrigaban en la
noche y tiritando de frio, se vistió con la gastada pero limpia ropa de todos
los días. Se sirvió el mate cocido calentito mojando el pan que ya estaba medio
duro en el jarro y se sintió tibiecita por dentro. El chucho de raza indefinida
y pelaje áspero que era su perrito querido y que la seguía a todas partes, la
miraba con ojos ansiosos. Puso un plato en el suelo, enfrió el mate cocido que
quedaba y mezcló las migajas de pan que le había apartado. Bastante trabajo le costó que en su casa lo aceptaran.
Al final su mamá convenció al tata que
lo aceptó rezongando, mientras decía que en esa casa no había dinero para dar
de comer a ese perro holgazán.
Salió al patio, rompió la escarcha que se había formado por
la noche en el agua de la bomba, llenó el balde
que apenas podía cargar, lo llevó a la casa, puso el agua en el fuentón
y lavó los jarros que quedaron del desayuno. Barrió el piso de ladrillo y estiró las mantas de
las camas. Volvió a llenar el balde, tiró el agua sucia en el patio de tierra,
echó el agua limpia en el fuentón y puso
a remojar la ropa sucia de cal y pintura de su tata y los hermanos. Tomó el
dinero que su mamá le había dejado sobre la mesa y salió con el perro pegado a
sus talones, para comprar lo que hiciera falta y lo que alcanzara, para el
puchero de la noche. Felisa cantaba, bailaba y jugaba con el chucho que saltaba
junto a ella mientras caminaban. Al fin de cuentas el perrito aún era un
cachorro y Felisa sólo tenía diez años.
Casi no sabía leer, apenas lo que en algún rato su hermano
mayor le enseñaba. Ellos iban a la escuela nocturna. Para eso se deslomaban
cada día sobre andamios y silletas, poniendo
con el padre ladrillo sobre ladrillo, construyendo y pintando casas
ajenas. Pero Felisa no. Su tata le decía que alguien tenía que quedarse en la
casa, que para qué quería saber otras cosas si con aprender lo que su mamá le
enseñaba tenía de sobra . De mala manera había tenido que aceptar que los
muchachos fueran a la escuela. Era su mujer la que les metía esas estúpidas
ideas en la cabeza. Siempre que debía hacer un presupuesto o leer algún pedido, se
restregaba los ojos y se quejaba de la mala vista que desde chico tenía. La
verdad era que nunca aprendió a leer y su amor
propio le impedía confesarlo.
Felisa estaba por cumplir los quince cuando su mamá, esa mujer
trabajadora e incansable comenzó a estar cada vez más y más cansada.
-Felisa- le decía- tenés que seguir tratando de leer y
escribir .Tu papá no es malo, pero es más terco que el burro de don Joaquín y
yo ya no tengo fuerzas para seguir peleando con
él -seguía diciendo, mientras acariciaba el pelo negro y enrulado de su
hija.
Felisa la miraba con ojos tristes.
-Mamá vaya al hospital, capaz que el médico le da algo y se
mejora-insistió .
-Ni loca, al hospital va la gente a morirse. Si esto se me va
a pasar .Es flojera nada más.
Felisa veía que su mamá, cada vez tenía menos ganas de nada.
Decidió llamar por su cuenta a doña Juana, una mujer vieja y sabia, que los
había traído al mundo a ellos tres y que entendía de todos los males y tenía un
yuyo para ayudar a cada quien. Vino como quien viene de visita,a tomar unos
mates y contar lo chismes del lugar. Siempre hacía reír a su mamá.
Cuando se iba, Felisa corrió detrás de ella y ya lejos de la
casa, le preguntó-¿Qué tiene mi mama’?¿porque mi tata no nos dice nada?¿porque ya
no grita y la mira de reojo a cada rato?-
Doña Juana la miró
con sus ojos sabios y le dijo-Su mama´ está muy cansada-.
-Sí, eso ya lo sé, pero ¿Cómo la va a curar de eso?-insistió
Felisa.
-Yo no puedo curar a los que se cansaron de vivir-le
contestó.
-Entonces ¿se va a
morir?¿Cuándo?¿Cuándo? –preguntó Felisa con angustia
-Cuando ella quiera-dijo mirándola con tristeza doña Juana.
Le acarició la cabeza, dio media vuelta y se fue a curar a
otros, a quienes las ganas de vivir no los había abandonado. En el camino, doña
Juana se cruzó con el padre y los
hermanos que venían de trabajar. Al llegar, el padre, la agarró de un brazo a
Felisa, la sacó afuera y a los gritos,
le preguntó que hacía en la casa esa vieja bruja. Por primera vez Felisa
enfrentó a su padre:
-¡Me dijo que la mama´ está cansada de vivir y que cuando ella quiera, se va a morir!-le gritó Felisa
-¡Mocosa estúpida!
¡Que no se te ocurra decir eso!-dijo don José y le cruzó la cara de la primer
cachetada que le dio en su vida.
Felisa lo miró con asombro, se largó a llorar, pegó media
vuelta y corrió hasta que se quedó sin
lágrimas y sin aliento.
Pero doña Juana tenía razón. Ese corazón que tanto luchó,
cada vez se alejaba más de todos. Dormía, en la cara surcada de prematuras
arrugas, una sonrisa plácida dibujaba sus labios
Cuando Felisa le preguntaba:-¿mamá con que soñaba?-ella la miraba y
volvía a sonreir. Una noche aquello que soñaba la envolvió por completo y se la
llevó a un mundo feliz donde no había madrugones en las mañanas heladas, ni
preocupaciones, ni miedos a llegar
tarde. Los despertó el grito de dolor del padre y se dieron cuenta que su mamá
se había ido a aquel lugar que le
dibujaba sonrisas en la cara-
Felisa se encargó entonces de todo aquello que su madre realizaba.
Sus hermanos se fueron yendo de la casa. El menor se casó y ayudado por su
padre, levantó poco a poco su propia casa. El mayor, el que le había enseñado a
leer, después del servicio militar se incorporó con el grado de cabo en la base
aérea que estaba a pocos kilómetros y venía sólo a dormir. El padre en cambio, de
mandón y cascarrabias que era, se fué poniendo cada vez más callado y sombrío.Dejó
de trabajar y comenzó a beber. Cada día llegaba más tarde y más borracho a la
casa. A veces Felisa se despertaba sobresaltada y lo veía inclinado sobre su
cara, oliendo a alcohol y con una mirada extraña. Pocas veces iba a trabajar y
casi todo lo que ganaba, lo dejaba en el boliche. Felisa empezó a tener miedo
de esa mirada, que la seguía todo el tiempo que pasaba en la casa.Como extrañaba
a su mamá, su mirada cariñosa y la palabra suave que calmaba los enojos de su
tata.
¿Por qué se había cansado de vivir si ella la quería tanto? Y
sintió mucha rabia de lo que doña Juana le había dicho y rabia porque su tata
la extrañaba tanto, que se había convertido en alguien que no era su tata, alguien a quien le tenía
miedo cuando estaba en la casa.
Una noche que su hermano estaba de guardia, llegó a la casa
más borracho que nunca. Felisa ya dormía. La levanto a los empujones mientras
le gritaba:
-¡Tu mamá se fue, ella era mi mujer ,ahora vos vas a ser mi
mujer! ¡Mirá ,si sos igualita a ella!, y trataba de arrancarle el camisón
remendado de su mamá que Felisa usaba
para sentir más cerca a la que se había ido . Seguro que la hubiera
violado allí mismo, casi la dominaba, cuando el perro convertido en tigre, saltó
y le hincó los dientes en un brazo-
-Perro de mierda¡¡soltame!!-gritaba mientras lo sacudía y
golpeaba.
Pero el chucho gruñía, y no soltaba su presa. Felisa salió afuera llorando desesperada y se
refugió en la casa de la vecina amiga de su mamá.
Su tata golpeó hasta cansarse la puerta gritando-¡¡Felisa, Felisa!!—
Hasta que la policía alertada por la vecina, se lo llevó a
dormir la borrachera a la comisaria. Cuando se lo llevaban lloraba y
decía-¡¡Que hice, que hice!!-
-Te vas a pasar unos cuantos días adentro , hasta que esto
se aclare.-le decía el agente, mientras
lo arrastraba esposado.
Felisa volvió a su casa temblando. Tenia una inmensa angustia y mucho miedo. Se acurrucó en su
-cama abrazada a su perrito. Se sentía mas desamparada que nunca.
-Mamá ¿por que me dejaste?- y lloró hasta que el sueño pudo
con su pena.
Cuando empezaba a amanecer sintió un beso leve en su frente
y la voz de su mamá que le decía:-Felisa , levantate , llevale la ropa blanca a
la señora Teresa, Felisa , no te olvides de todo lo que te dije-
Felisa se sentó de golpe en la cama.-¿Mama’?¿Mama’?-Pero no
había nadie.
¿Que le llevara la ropa blanca a la señora Teresa? Pero ese
trabajo, lo hacia su mamá no ella. Ella solo la acompañaba a veces y se quedaba
jugando con la hija de la señora, que casi tenía su edad. Se acordaba que eran
muy buena gente, su mamá siempre se lo decía.
También cuando la consolaba porque su tata se negaba a que fuese a la
escuela, le repetía -Hijita no te
olvides nunca que Dios nos regala un amanecer cada día.-Si, ¡claro que si! su mamá siempre tuvo la suavidad de los fuertes y ella también la tendría. Sabía que su casa ya no era su casa, que no podría vivir allí ni un minuto más. El miedo se trasformaba en asco…La señora Teresa …,por algo su mamá se lo decía. Iría a verla. A alguien tenía que contarle lo que había pasado en esa noche horrible.
Se vistió, tomó un poco de mate y con el perrito pegado a
sus piernas encaminó sus pasos hacia la casa de la señora Teresa. A esa hora
sabía que la encontraría. Era maestra en la escuela nocturna donde habían estudiado sus hermanos y mientras
caminaba, una idea se formaba en su cabeza. Tal vez la señora necesitaba
alguien que la ayude. Ella no precisaba dinero necesitaba antes que nada, un
techo donde guardar su angustia.
¿Y si me animo y le pregunto?, y si no necesita a nadie, ¿Qué
hago , donde voy?-se preguntaba.
Felisa se crió entre la suavidad de su mamá y el carácter
bravo de su padre, esta era la primera decisión que tomaba sola. Bien o mal,
siempre fue guiada o protegida por la
familia. Pero ahora sus hermanos no iban
a poder protegerla cuando su padre saliera
del calabozo. El menor vivía lejos, además con su familia ya tenía bastantes bocas que
alimentar. José el mayor, cuando se enterara de lo ocurrido era capaz de
golpear a su padre, pero él no estaba
siempre en la casa. Todas esas ideas cruzaban por la mente de Felisa .Una vez
más se acordó de su mamá, de su fuerza, de su suave determinación que lograba
todo lo que se proponía. Ella también podía ser así, ella también buscaría su camino y estaba segura que podría
encontrarlo de una forma u otra. ¿Acaso su mamá no le decía que Dios nos regala
un nuevo amanecer cada dia?.Ella tendría que buscar ese amanecer.
Pensando en todo esto, llegó a la casa de Teresa.
-Felicita, ¡que alegría! desde el entierro de tu mamá que no te vimos más. Clarita
me decía si te habías olvidado de nosotros, dijo Teresa mientras la estrechaba
entre sus brazos.
Esa era la primera demostración de cariño que Felisa recibía
desde que su mamá había muerto.El nudo que tenía en la garganta se desató y
aunque se había prometido ser fuerte, esos brazos conocidos y confiables
hicieron que las lágrimas acudieran otra
vez
-Feli ¿Qué te pasa? contame-
-¿Está sola señora?, a
Felisa le daba vergüenza que otros escucharan su historia
-Si Feli ¿Qué te pasó? Pedro esta dando clases y Clarita en
el colegio.-
Felisa se secó con el dorso de la mano las lágrimas que no
dejaban de brotar y entre sollozos le contó lo ocurrido. Teresa ,como docente de
aquel pueblo de provincia sabía de muchos casos iguales, sabía que pronto
soltarían al papá de la joven y que lo que no había ocurrido entonces,
terminaría por ocurrir, que otra vez una vida joven, estaría arruinada .
–Pasá, tomemos un té, tranquilizate-le dijo Teresa pasándole
un brazo por los hombros delgaditos
-Señora usted ¿no necesitaría alguien que la ayude en la
casa? A mí no me interesa la paga, sólo necesito un lugar para no tener que
volver a mi casa-Ya está, ya lo había dicho.
Teresa la miró con sus ojos que sabían de tantos dolores
parecidos y le dijo-No te preocupes, a tu casa no volvés, cuando venga Pedro hablaré con él. Andá sentate en el living y ya veremos-.
Se sentó y al sentirse segura , se quedó dormida. Su
perrito, con las orejas tiesas ,la esperaba haciendo guardia afuera.
Cuando llegó Pedro el marido de Teresa, maestro como ella, le dijo -¿Qué hace ese perro afuera?¿de
quién es?-
Teresa se puso un dedo sobre los labios haciéndole señas que se callara ,hizo un movimiento con
la cabeza señalándole el sillón donde
Felisa se había quedado dormida y tomándolo de la mano, se lo llevó a la
cocina, cerró despacio la puerta para no hacer ruido y mientras sacaba el
pastel de carne del horno y le servía una buena porción ,comenzó a contarle lo
sucedido. Los rayos de sol que iluminaban el lugar , el fragante olor de esa
comida preparada con amor y la compasión que la voz de su mujer trasmitía ,hacían que lo narrado pareciera
más desagradable aún. Su marido la escuchaba en silencio mientras comía. Cuando
su mujer terminó el relato , la miró y le dijo:
-Teresa ¿Cuántas veces escuchaste esto en la nocturna?-No te
podés hacer cargo de todas las desgracias ajenas que pasan por tu vida. Además esta chica tiene a su hermano ¿está en la
base aérea? Debe ser buena persona ¿no?-
-Sí pero a esta chica
la conocemos de chiquita. El hermano no está nunca en la casa ¿Cómo puede
evitar estas cosas?-dijo Teresa ,tratando de poner de su lado al marido.
-De todas formas hay que avisarle a su hermano, no te olvides
que es una menor .Después de hablar con él veremos que pasa-y Pedro siguió
comiendo,sin muchas ganas de continuar con el tema.
-Pero Pedro-trató de insistir Teresa.
-Nada de peros, primero hablar con el hermano, ya veo que
como siempre en estos líos que te metés termino yo teniendo que poner la cara ¿Qué
hay de postre?-
Teresa casi lo fulminó con la mirada. Típico de los hombres
,no entender nada de un caso así. Se mordió los labios para no contestarle
.Sabía que al final ,él tendría que que hablar con quién fuera necesario. Mejor
conservar la paz. Cuando terminara de comer y descansara un rato volvería con el
tema.
En ese momento
se abrió la puerta y un torbellino de trenzas rubias y guardapolvo blanco entró a la
cocina.
-Hola mami ¿Qué hace Feli durmiendo en la sala?¡que lindo
perrito está en la puerta!¿es el de Feli no? ¿Le puedo llevar comida?¡hola
papá!¿que hay de comer?-todo fue dicho atropelladamente y sin pausa. Se sacó el
delantal y mientras se lavaba las manos en la pileta de la cocina,volvió a
preguntar-¿Qué hace Feli en casa mamá?--
-Clarita, una cosa por vez-dijo Pedro, que adoraba a su hija.
-Felisa está aquí porque se peleó muy feo con su papá-contestó
su mamá-Si, el perrito es el de Feli y no, ahora primero comés vos
,después le llevás si querés al perro. Hay pastel de papas. Sentate y comé.
-¡Ya me imaginaba yo que Feli se iba a pelear con su papá!
Es un viejo cascarrabias y además ahora
borracho. ¿le pegó? Hizo bien en venirse
a casa ¿no papá?--
-Creo que hizo bien-dijo Pedro mientras miraba atentamente
el resto de pastel de carne que quedaba en su plato. Teresa lo miraba con una
sonrisita irónica.
Clarita quería mucho a su Feli .Se acordaba que cuando
acompañaba a su mamá, se quedaba jugando con ella y escuchando con atención su
parloteo .Que la hacía las trenzas y la ayudaba a vestirse si su mamá se
quedaba charlando con la mamá de ella. Feli
apenas le llevaba cuatro años pero sabía hacer muchas más cosas que ella .Lo
que Feli no podía hacer era leerle cuentos, pero eso no le importaba .La quería igual.
-¿Clarita ,vos como sabés que el papá toma?-la interrogó Teresa
-Porque todo el mundo sabe que desde que murió la mamá se
volvió un borracho y porque me la encontré a la vecina de Feli en la calle y me
contó-contestó Clarita.
-¿Y que más te contó?-preguntó alarmado Pedro
-Eso ,que se había vuelto borracho-
Pedro respiró aliviado, no quería que su hijita se enterara
todavía de las cosa feas que ocurren en la vida.
-¿Y donde está el papá ahora?-siguió preguntando Clarita
-Está en la comisaría-le contestó Teresa-porque “le pegó” y
por borracho-
-Entonces que Feli se quede en casa ¿no papá? porque José
está en la base y capaz que si lo sueltan al papá, le vuelve a pegar. Puede dormir en la piecita del fondo
¿no mami?-
-Preguntale a papá
Clarita, dijo Teresa mirando a su marido
Pedro miró a su mujer .Teresa parecía muy ocupada en lavar
los platos, pero aquella sonrisita irónica no se había borrado de su cara.
-Si hijita ,por ahora puede, contestó resignado.
Clarita corrió a la sala. Felisa estaba despierta y rezando para que dijeran que podía
quedarse.
-Feli, Feli ,dice papá que te podés quedar¡ Vení, vamos a darle
de comer a tu perrito y después arreglamos la piecita de atrás para que
duermas allí!-¿vos ya comiste? Mami ¿le
podes dar pastel de carne a Feli?¡Está riquísimo!-de nuevo todo fue dicho sin
pausa ,mientras tironeaba de un brazo Felisa llevándola hacia donde estaban sus
padres.
Felisa la abrazó con fuerza, entró a la cocina, miró a
Teresa que sonreía y a su marido y le
dijo:
-Muchas gracias don Pedro-
Mientras tanto, Pedro repetía para sí –Ya veremos ,ya
veremos-No tenía demasiadas ganas de echarse al hombro ese problema.
Esta historia en realidad puede seguir de dos maneras .La primera,
cuando la compasión y el amor por los semejantes vence al no
te metás, cuando decidimos jugarnos por una persona y apostar por ella para que pueda ser alguien
que camine recto por la vida y con el ejemplo dado por quienes la contuvieron
cuando todo se le volvia al revés, ayudarla a cumplir una meta y decirle que no
al mal camino y a la desdicha de una mala soledad
El otro final,el más trágico y desgraciadamente bastante
común, es cerrar las puertas del
corazón, acallar la culpa y mirar para
otro lado ,seguro que alguien se ocupará ,o no, de solucionar el problema.
Me gusta más el primero
y pensar que Felisa llegó, amparada por ese hogar y por el recuerdo de
su madre , a ser algo más que una criatura asustada. Que con su decisión pudo
lograr lo que su mamá soñaba para ella
¿tal vez ser maestra y ayudar a otros que como ella encontraran el
buen camino en su vida? Para eso, algo hay que sacrificar siempre y a veces la vida nos arrastra con vientos tan
encontrados que no tenemos tiempo ni ganas de pensar en los demás.
¿De qué manera se atreverían a terminar la historia ustedes? Piénsenlo bien, al igual
que para Pedro, la decisión no es simple.
la situación me gustó y los personajes estan muy bien llevados
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