Y después, que se jodan los otros!
por Florencio Casas
Después se sentó en la cama
desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se disparó un tiro en la
sien derecha.
J. D.
Salinger
Un suicidio te puede levantar cualquier muerto. Te gustaba
cómo venias llevando el relato hasta ahora pero te perdiste y se transformó en
un camino sinuoso, le falta sustancia y que
lejos estás de un buen final. Es el momento para el viejo recurso del suicidio.
Ya está, el cuento se termina en una línea y la sorpresa te exime de cualquier
inconsistencia.
Con el plus de que todo lo que dijo o hizo el suicida en su
último día le da otra luz al relato: como con Ramirez, el que vivía enfrente de mi
casa.
El tipo era un amargo, depresivo. Estaba enfermo de cáncer.
Pero ahora que me acuerdo hacía ya varios años que le habían hecho la quimio ¿Seguiría enfermo?
Estaría llegando a los setenta años y estaba juntado con
Emilia.
Una tarde lo visita un amigo. ¿No era año nuevo? ¡Qué hijo de puta! Sí, era un primero de enero. La cosa que les
pide a su mujer y al amigo que vayan a comprar helado.
Inocentes, van a comprar helado. Ramirez era pintor y escultor, bueno, es una
forma de decir, ¿Quién es pintor y escultor o simplemente mancha un lienzo cada
tanto o suelda unas chapas? No sé. Para mi hacía unas cosas horribles, unos
payasos tristes, unas escenas de jesucristos torturados. El problema no eran
los motivos, el tema era la espantosa combinación de colores y trazos que
lograba. Lo único que me atrajo un poco de
las cosas que hizo era un perro de hierro que parecía un cocodrilo. Todavía
está en una especie de techo bajo del frente de la casa. Se ve que no lo
pudieron sacar.
No va el tipo y se cuelga de un limonero que tenía en el
patio. No estamos hablando de un parque con un montón de árboles, no, era un
patio chico, lo único que entraba era un limonero. Y ahí se colgó y se ahorcó.
Era grande, robusto, seguro que pesaba más de 100 kilos. Que inconsciente
elegir un limonero!, y ¿si se rompía la rama? Pero sobre todo la desproporción,
esta claro que de arte no entendía nada, retiro lo dicho, ma’ que pintor, ni
escultor: Un chapucero! Un hobbista chapucero! Que imagen tan decadente,
semejante hombrazo colgado de un limonero.
Y ahí llega Emilia con el amigo. Un año nuevo más, repitiendo
la tarde aburridísima de todos los años, pero estarían contentos porque traían
helado y quién no se pone contento cuando va a tomar un helado. ¿Lo habrán
llamado? – Ricardo, llegamos!
Y apenas entraron en la cocina lo tienen que haber visto, porque
la ventana de la cocina daba al patio: ¡Qué desagradable! ¡Qué susto se debe
haber pegado la vieja!
¿Con que detalle habrá terminado este cuadro macabro? ¿Estaría en piyama? ¿En musculosa y calzoncillos?
¿Con que detalle habrá terminado este cuadro macabro? ¿Estaría en piyama? ¿En musculosa y calzoncillos?
Dentro de todo una buena para Emilia, a media cuadra de mi
casa hay un puesto policial. Los canas vinieron enseguida. Igual hicieron
barullo como les gusta a ellos. Estacionaron un par de patrulleros en la puerta
y al rato cayó la ambulancia. Lo tuvieron que bajar entre cuatro, con el calor
que hacía!!!
Ramirez vaya a saber si por
maldad, negligencia, o lo más probable, por improvisación dijo: Yo me mato así
y después, que se jodan los otros.
En la cuadra los vecinos buscaban razones:
- La hija no le hablaba
- Estaba quebrado
- Era impotente y tenía alergia al viagra.
¡qué falta de respeto! ¿Cómo invadir la privacidad de esa
manera?
Elegir la propia muerte, el suicidio, es una decisión suprema.
¿Hay elección más personal?
Yo jamás me metería con
los motivos. Pero guarda, tampoco vale todo, hay que prestarle atención
al cómo. Sobre todo en esta época en que no importa el contenido sino la forma.
Toda la elección estuvo mal, no era ni el día, ni el lugar,
ni el método. ¿Qué culpa tenía el limonero? Pero después de lo que pasó Emilia
lo iba a tener que sacar ya que todos los días le iba a traer el recuerdo. Y el
amigo, anda a saber de dónde había venido el pobre tipo, no se le hace eso a
una amistad.
Para mi madre el suicidio
era uno de los peores pecados. Un pecado que Dios no perdonaba y dejaba al tipo
perdido en el limbo por toda la eternidad. Para mi es como con otros temas,
¿bien? ¿mal? ¿Qué se yo? Todo depende del ámbito y sobre todo de la medida.
Cuando visitaba a mi padre
hubo muchas veces en que me imaginé que lo iba a encontrar muerto. Nunca pasó,
hay gente que se queja mucho y se suicida poco.
Pero volviendo a mi vecino, me intriga saber qué pasó con el
helado, ¿lo habrán metido en el freezer? O encima de todo el bajón se les
derritió. Y Ramirez, ¿Qué gusto habrá pedido? Seguro que el hijo de puta pidió
helado de limón.
interesante cuento con mucha acidez
ResponderEliminar