Mundial 2014
Partido final
por Mauricio Minc
Llegó
al fin el glorioso día, Quique era uno de los muchos que había
afirmado que nuestra selección no pasaba de cuartos o a lo sumo de las
semis. Pero gracias a los jugadores y a todos los Dioses del firmamento, de
éste y otros universos, arribaron a la instancia final.
Ya el día anterior le había solicitado a su mujer, Nati, que por favor
no invite a nadie a ver el partido en la casa, la intensión de él era disfrutar
las alternativas en la más absoluta soledad, esa soledad que le permitía fundir
en una misma pasión puteadas, risas, llanto, cantos y desazón.
Su esposa así lo comprendió y resolvió que podría regocijarse absolutamente solo, sentado
cómodamente en el sillón sin más compañía que…ella.
El domingo planificaron salir a
almorzar, la idea era un regreso temprano para la siestita y luego el gran
espectáculo deportivo en toda su magnitud.
A las tres y cincuenta se sentaron frente al televisor para ver unos minutos
de la previa y escuchar el coro disonante pero tan emotivo del estribillo del
himno. A continuación los jugadores salieron a la cancha. La mente de Quique estaba
en el césped y la de Nati en la casa, eso
lo puso en evidencia cuando preguntó tres minutos antes del pitazo inicial:
-¿Querés un cafecito? -
Quique reaccionó volviendo a
Buenos Aires
-No gracias mi amor, todo lo que
se te ocurra de ahora en más, decilo en el entretiempo-
Luego los integrantes de ambos equipos intercambiaron banderines y se
saludaron cortésmente con la terna
árbitral en actitud civilizada y bajo las normas del Fair Play. En
forma inmediata fue cada uno a ocupar sus posiciones en el campo de juego.
En ese preciso instante Nati también ocupó su lugar en la
cancha y sonriendo, le preguntó a su marido:
-¿Ésta es la final no?
-Siii, ¿por? ¿No sabías que es la
final?
-¿Esos grandotes de blanco son los alemanes, no?
En ese momento comenzó el partido y sintió una sequedad en la garganta
producto de la impotencia generada por las preguntas de la esposa, pero para evitar
conflictos mayores contestó:
-Se pusieron la blanca porque les
contrasta mejor con el bronceado brasileño.-
- Sería bueno, pero ¿no le
ganaron a Brasil?-
-Si ¿y?-
-No, por nada, entiendo que no tiene
nada que ver-
-¿Para qué me lo preguntás?
Pasaron diez minutos de juego y la mente de Quique estaba sin poder concentrarse
en el juego, sabía que en cualquier momento continuaría el interrogatorio.
-¿Holanda ya se fue?-
-Jugó ayer con Brasil y ganó el
tercer puesto.-
-¿El que pierde hoy tiene que
jugar con Holanda?-
Sintió mojada la espalda, una sensación de incomodidad y furia lo
invadió, sin embargo contestó amablemente:
-No mi amor, Holanda no juega más
este torneo-
-Decime una cosa, ¡vos! que sos tan
futbolero: que extraordinario seria una final Brasil- Argentina.-
-Si Nati, en otra vida
seguramente.-
-¿El encuentro de hoy es partido
y revancha?-
Giró la cabeza para poder observar directamente los ojos a su mujer y le dijo:
-¡No!, el que pierde tiene que ir
a Nigeria a jugar con Irán por el segundo puesto.-
-Que irónico que sos, no se te
puede preguntar nada, me voy de acá y vas a tener que ver el partido solo-.
Una alegría inconmensurable lo envolvió al oír esas palabras. Fue un
momento decisivo igual o similar al que sentía cuando “La Pulga” hace un gol. Tenía ganas de dar un
salto y correr hacia el alambrado gritando un gol de Atlanta.
-Bueno andá, yo te aviso si pasa
algo-
-¿Querés que te prepare algo de
tomar?
-¡Noooooooo!-
Al fin se pudo estirar en el sillón, puso los pies sobre el apoya brazos
buscando el máximo relax y cuando terminó de acomodarse… concluyó el primer
tiempo.
La segunda parte lo encontró a Quique en la misma posición, nada se debía
modificar o mover para que no haya alteraciones en el statu quo del partido y además
en ese estado de congelamiento molecular intentar llegar al tiempo de alargue.
Faltando unos minutos para la finalización apareció Nati con gestó de
preocupación, como es su sana costumbre
se paro frente al televisor tapando la visual e hizo la única pregunta que no
tendría que haber efectuado:
-¿Ya metió un gol Argentina?-
Fue en ese mismísimo instante, que Quique, sin poder ver la pantalla,
escuchó el lapidario goool de Alemania y alcanzó a observar la figura del
arquero desparramada bajo los tres palos y al héroe nórdico corriendo a recibir el abrazo de sus
compañeros.
Nati se sentó junto a su marido comprensiva de la situación
-Bueno, pero si pierde ¿salimos a
festejar?-
-Si perdemos ¿que carajo querés
salir a festejar?-
-El subcampeonato-
Quique parpadeó tratando de secar las lágrimas, inspiró una vez en forma
profunda pero abatida, tomó la mano de Nati y le dijo dulcemente que “fue
una tremenda suerte para él haber escuchado los oportunos comentarios que ella le
hacía en el transcurrir de los partidos sobre los botines flúo pero sin puntería,
los peinados mohicano que se arreglan antes de patear los tiro libres, las barbas
de gladiadores y los tatuajes recordatorios de amores juveniles, pero
principalmente iba a extrañar su imagen frente a la pantalla obstruyendo sistemáticamente los momentos
decisivos de todos los partidos…” y terminó reflexionando que “…¿algo
hubiese cambiado en caso de haber visto el gol de Alemania?, quizás se habría
producido el efecto mariposa y ahora estaría saltando de alegría. Pero no, no
lo creo. Gracias mi amor, será un placer ver con vos el mundial de Rusia en el
2018…en Moscú”. Miró a su
mujer con resignación unos segundos y luego agregó:
-Todas las personas dentro de pocos
años y en las futuras generaciones se acordarán de este mundial por dos cosas:
Alemania ganadora y las burlas a los brazucas por las siete pepas que se comieron.
Te das cuenta que no hay nada que festejar. ¡En fútbol no se festeja perder!-
Mientras Buenos Aires lloraba, Quique apagó el televisor y un único
pensamiento se cruzó por su mente: ¡por
fin terminó el mundial!
muy divertido
ResponderEliminarte felicito
gracias
Eliminardivertido, bastante real
ResponderEliminarmuy divertido!
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