miércoles, 23 de julio de 2014

"Mundial 2014 - Partido final", por Mauricio Minc


Mundial 2014

Partido final

por Mauricio Minc
 

Llegó al fin el glorioso día, Quique  era uno de los muchos que había afirmado que nuestra selección no pasaba de cuartos o a lo sumo de las semis. Pero gracias a los jugadores y a todos los Dioses del firmamento, de éste y otros universos, arribaron a la instancia final.

Ya el día anterior le había solicitado a su mujer, Nati, que por favor no invite a nadie a ver el partido en la casa, la intensión de él era disfrutar las alternativas en la más absoluta soledad, esa soledad que le permitía fundir en una misma pasión puteadas, risas, llanto, cantos  y desazón.

Su esposa así lo comprendió y resolvió que  podría regocijarse absolutamente solo, sentado cómodamente en el sillón sin más compañía que…ella.

El domingo planificaron salir  a almorzar, la idea era un regreso temprano para la siestita y luego el gran espectáculo deportivo en toda su magnitud.

A las tres y cincuenta se sentaron frente al televisor para ver unos minutos de la previa y escuchar el coro disonante pero tan emotivo del estribillo del himno. A continuación los jugadores salieron a la cancha. La mente de Quique estaba en el césped y  la de Nati en la casa, eso lo puso en evidencia cuando preguntó tres minutos antes del pitazo inicial:

-¿Querés un cafecito? -

Quique reaccionó volviendo  a Buenos Aires

-No gracias mi amor, todo lo que se te ocurra de ahora en más, decilo en el entretiempo-

Luego los integrantes de ambos equipos intercambiaron banderines y se saludaron cortésmente con la terna  árbitral en actitud civilizada y bajo las normas del Fair Play. En forma inmediata fue cada uno a ocupar sus posiciones en el campo de juego. En ese preciso instante Nati también ocupó su lugar en la cancha y sonriendo, le preguntó a su marido:

-¿Ésta es la final no?

-Siii, ¿por? ¿No sabías que es la final?

-¿Esos grandotes de blanco son los alemanes, no?

 En ese momento comenzó el partido y sintió una sequedad en la garganta producto de la impotencia generada por las preguntas de la esposa, pero para evitar conflictos mayores contestó:

-Se pusieron la blanca porque les contrasta mejor con el bronceado brasileño.-

- Sería bueno, pero ¿no le ganaron a Brasil?-

-Si ¿y?-

-No, por nada, entiendo que no tiene nada que ver-

-¿Para qué me lo preguntás?

Pasaron diez minutos de juego y la mente de Quique estaba sin poder concentrarse en el juego, sabía que en cualquier momento continuaría el interrogatorio.

-¿Holanda ya se fue?-

-Jugó ayer con Brasil y ganó el tercer puesto.-

-¿El que pierde hoy tiene que jugar con Holanda?-

Sintió mojada la espalda, una sensación de incomodidad y furia lo invadió, sin embargo contestó amablemente:

-No mi amor, Holanda no juega más este torneo-

-Decime una cosa, ¡vos! que sos tan futbolero: que extraordinario seria una final Brasil- Argentina.-

-Si Nati, en otra vida seguramente.-

-¿El encuentro de hoy es partido y revancha?-

Giró la cabeza para poder observar directamente  los ojos a su mujer y le dijo:

-¡No!, el que pierde tiene que ir a Nigeria a jugar con Irán por el segundo puesto.-

-Que irónico que sos, no se te puede preguntar nada, me voy de acá y vas a tener que ver el partido solo-.

Una alegría inconmensurable lo envolvió al oír esas palabras. Fue un momento decisivo igual o similar al que sentía cuando  “La Pulga” hace un gol. Tenía ganas de dar un salto y correr hacia el alambrado gritando un gol de Atlanta.

-Bueno andá, yo te aviso si pasa algo-

-¿Querés que te prepare algo de tomar?

-¡Noooooooo!-

Al fin se pudo estirar en el sillón, puso los pies sobre el apoya brazos buscando el máximo relax y cuando terminó de acomodarse… concluyó el primer tiempo.

La segunda parte lo encontró a Quique en la misma posición, nada se debía modificar o mover para que no haya alteraciones en el statu quo del partido y además en ese estado de congelamiento molecular intentar llegar al tiempo de alargue.

Faltando unos minutos para la finalización apareció Nati con gestó de preocupación,  como es su sana costumbre se paro frente al televisor tapando la visual e hizo la única pregunta que no tendría que haber efectuado:

-¿Ya metió un gol Argentina?-

Fue en ese mismísimo instante, que Quique, sin poder ver la pantalla, escuchó el lapidario goool de Alemania y alcanzó a observar la figura del arquero desparramada bajo los tres palos y al héroe  nórdico corriendo a recibir el abrazo de sus compañeros.

Nati se sentó junto a su marido comprensiva de la situación   

-Bueno, pero si pierde ¿salimos a festejar?-

-Si perdemos ¿que carajo querés salir a festejar?-

-El subcampeonato-

Quique parpadeó tratando de secar las lágrimas, inspiró una vez en forma profunda pero abatida, tomó la mano de Nati y le dijo dulcemente que fue una tremenda suerte para él haber escuchado los oportunos comentarios que ella le hacía en el transcurrir de los partidos sobre los botines flúo pero sin puntería, los peinados mohicano que se arreglan antes de patear los tiro libres, las barbas de gladiadores y los tatuajes recordatorios de amores juveniles, pero principalmente iba a extrañar su imagen frente a la pantalla  obstruyendo sistemáticamente los momentos decisivos de todos los partidos…” y terminó reflexionando que “…¿algo hubiese cambiado en caso de haber visto el gol de Alemania?, quizás se habría producido el efecto mariposa y ahora estaría saltando de alegría. Pero no, no lo creo. Gracias mi amor, será un placer ver con vos el mundial de Rusia en el 2018…en Moscú”. Miró a su mujer con resignación unos segundos y luego agregó:

-Todas las personas dentro de pocos años y en las futuras generaciones se acordarán de este mundial por dos cosas: Alemania ganadora y las burlas a los brazucas por las siete pepas que se comieron. Te das cuenta que no hay nada que festejar. ¡En fútbol no se festeja perder!-

Mientras Buenos Aires lloraba, Quique apagó el televisor y un único pensamiento se cruzó por su mente: ¡por fin terminó el mundial!

 

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