SAMUEL
por Mauricio Minc
Apresuró el paso.
Debía llegar a las siete de la tarde a la confitería ubicada en las calles
Conde y Echeverría donde se encontraría con su ex compañero Cacho.
El barrio de
Belgrano R tiene un encanto especial. Al caminar por las veredas penetran en el
transeúnte los sonidos que salen de las antiguas casonas, murmullos que cuentan
historias allí transcurridas. Las nuevas construcciones y el verde predominante
del paisaje causan un efecto de paz y tranquilidad en el caminante que transita
sus calles, produciendo un atractivo especial la arquitectura del presente y
del pasado.
Bordeó la mansión
Hirsh, provocadora de una extraña seducción. Algunas
mañanas, antes de ir al hospital, solía sentarse en un banco de
la plaza Castelli y observar la magnificencia del palacio ubicado
estratégicamente en el corazón del barrio.
Al llegar al lugar
del encuentro, abrió la puerta y un exquisito aroma, mezcla de café y medialunas
recién horneadas, envolvió sus fosas nasales.
Entró. A esa hora
del día el vasto recinto se encontraba concurrido. Cerca de la ventana, Cacho,
con el brazo elevado agitaba la mano tratando de llamar la atención. Se acercó,
lo abrazó y le hizo saber lo intrigado que estaba por su llamado telefónico de
la semana anterior y el interés en verlo; luego de los saludos habituales, dijo:
- ¡Tanto tiempo
sin tener noticias tuyas!-
-Si, es verdad,
hace casi una eternidad que no nos vemos-
Se sentaron.
Hicieron un breve comentario sobre la gran concurrencia de gente y el elevado
sonido de voces.
Cacho asintió
moviendo la cabeza y con una risita forzada en los labios expresó:
- Hace mucho que
no nos hablamos Fabi, tampoco estuve con ánimo de hacerlo y menos por celular,
por eso te convoqué acá, un magnífico ambiente para una buena conversación-.
El lugar era el
adecuado, los retrotraía a épocas pasadas, pero notaba que el paso de los años
había producido una pintoresca máscara de preocupación en su ex compañero, un
rictus que ya estaba incorporado en las facciones.
Cacho levantó el
brazo para ubicar al mesero. Cuando se dio cuenta de que vio la seña, indicó
con dos dedos el pedido. Siguió observando al mozo y esperó hasta escuchar a lo
lejos el “maaarchen dos cortados mitá y mitá”. Luego acomodó sus manos sobre
la mesa y dijo:
- Te cité porque
necesito hablar con todos mis amigos del school y a vos te considero
uno de ellos, un compinche de fierro.-
- Dale, hablá
sin rodeos.-
Los últimos rayos
de sol se filtraban entrecortados por el ventanal dándole un aspecto
ceremonioso a la confitería, Fabi esbozó una leve sonrisa cuando comparó el
cuadro de situación con el de un piadoso feligrés confesando su conflictivo
pasado.
-Mi viejo murió hace unos meses, quedé solo, vos sabés
que nunca laburé y ahora me la veo jodida, cuando se abrió el testamento me dí
cuenta que la casona estaba hipotecada, no una hipoteca, ¡sino tres!; para que
descanse en el panteón familiar vendí hasta la última cucharita de plata.
¡Quedé en la lona absoluta!
Fabián se presentía
que por ahí venía la cosa, recordaba que en tiempos de estudiante en muchas
ocasiones almorzaban en esta misma confitería y conversaban sobre proyectos de
vida, su amigo siempre se había jactado
diciendo que los López Anzorrategui tenían fortuna para varias generaciones y
cuando se charlaba sobre cual trabajo, oficio o que sueño sería el adecuado
para cada uno, el observaba desde su prosapia y aclaraba, “Padre dice que
el trabajo con los músculos lo hace la negrada, para hacer negocios están los
judíos y nosotros gastamos el usufructo,
como le corresponde a una persona de bien”.
El recuerdo lo
trajo al presente, al drama con final anunciado, por tal motivo expectante
acotó:
-¡Qué
cagada!, nunca te gustó el trabajo,
tampoco el estudio- al mismo tiempo recordó como con
su encanto lograba la admiración de todos, inclusive la de él, en lo que
respecta a las proezas deportivas y el éxito con las chicas. -
-Es verdad, no
soy como… ¿te acordás de Samuelito?, el rusito traga que la teacher
y los profesores ponían de ejemplo-.
Fabián se
retrotrajo a aquella época, a las veces que se burlaban cruelmente del
compañero y que en apariencia se bancaba piola todas las jodas, por lo menos
frente al resto de la clase, lo que hoy llamarían bullying psicológico.
También recordaba aquella noche, la peor de todas, cuando se habían encontrado
para romper un vidrio de la casa de Samuelito, el hermano que dormía en la
habitación salió todo ensangrentado. La familia y las autoridades nunca supieron
quién lo hizo o no quisieron enterarse, no hubiese estado bien visto si lo
relacionaban con el colegio. También recordaba las primeras reuniones de la ex
cofradía cuando comentaba aquel lamentable episodio y obtenía como respuesta “vos
también lo disfrutaste”.
Pasado el tiempo Fabi
siguió creyendo que en esa época de estudiante secundario se comportó como un
verdadero idiota.
-El tiempo me
enseñó que fuimos muy injustos con Samuel-.
-¡Que vamos a
ser injustos!, el hijo de puta tenía el porvenir asegurado-
-¿Porqué crees
eso?, los abuelos vinieron de Polonia y acá la tuvieron que luchar para
levantarse, dicho en criollo, se rompieron el culo para progresar -
-Que ingenuo que
sos Fabi, no sabes que todos los judíos tienen guita, se dedican a al negocio
financiero o de bancos; no sabés que se ayudan entre ellos para ser los dueños
de la plata del mundo-
El mozo se acercó a
la mesa y siguiendo una fórmula preestablecida, depositó servilletas de papel,
un platito con masitas de chocolate, dos vasos de agua fría, los cortados, el ticket
con la cuenta y un recipiente que contenía sobres de azúcar y edulcorante.
A Fabi le pareció
estar sentado frente al mismo compañero de la secundaria, al adolescente lleno de prejuicios influenciado por una
familia católica y tradicional de estirpe argentina venida a menos, los López
Anzorrategui.
Al tiempo que daba
vueltas la cucharita en la tacita, Fabián reflexionó en voz alta:
-Seguís siendo
un antisemita de mierda que te basas en erróneos y perimidos estereotipos.-
-¿Antisemita yo?
¿Le decís antisemita a Cachito?, cambié
mucho desde que terminé el cole, ahora soy otro, no tengo nada contra los rusos…
digo contra los judíos. Mas te voy a decir, hace dos años me hice amigote de
uno de ellos en el club y para que te des cuenta de lo equivocado que estás, hasta
lo invité a integrarse al equipo de fútbol.-
-Cacho, ¡pedazo de boludo!… ¿Entendés lo que
estas diciendo?- ¿te estas escuchando? pasaron los años y seguís sin entender que
la inmensa mayoría de nuestros abuelos fueron inmigrantes y entre todos
hicieron esta Argentina, además la
inmigración judía aportó mucho a este país.-
-No loco, no te
confundas, ¡yo no soy antisemita! , las cosas que le decía y hacía a Samuelito
eran otro tema, cosas de un pendejo pelotudo.- A
continuación relató el día que fue a la
casa con el grupo a estudiar y se sorprendió al conocer a la mamá dándose cuenta que era como todas las madres, contó
como les sirvió un biscochuelo buenísimo y les dijo que lo había cocinado con
una receta de sus abuelos de Europa;
-El que no me
gustó fue el viejo, creo que era sastre o tenía una sastrería o algo así, un
ruso de mierda, no se le entendía un carajo el idioma, una mezcla de argentino
con alemán. No men, cambiá el concepto que tenés de mí, ahora tengo
fascinación por los judíos, como uno no puede tenerla si son los dueños de la
banca, de los medios de información, ganan premios Nobel y te digo mas, son los
que manejan al negro en Estados Unidos.-
La señora de la
mesa contigua apretó con fuerza el cuchillo de la mermelada mientras movía la
cabeza de un lado hacia el otro en señal de malestar y desaprobación por lo que
entrecortadamente escuchaba.
Fabi estaba
incomodo, la situación y la conversación lo habían saturado.
Cacho sin percibir
ese fastidio en su amigo continuó:
-Pero te repito
que no soy antisemita, vos estás confundido y me duele que aún creas eso, no
tengo nada contra ellos, mi amigo judío
del club te lo puede decir, en el vestuario, cuando nos duchamos, ni se me
ocurriría joderlo con el pito cortado. Además, en mi familia se rumoreaba a soto
voce que mis ancestros, los López Anzorrategui vinieron a América escapando
de la Inquisición.-
Fabián levantó la mano para llamar al mozo, hizo un gesto en el aire con los dedos para pedir la cuenta y el mesero fastidiado asintió con la cabeza.
-Me tengo que ir
Cacho, un paciente en el domicilio, una consulta...no lo puedo demorar, no
entiendo todavía para que me citaste, si es para que te preste plata caíste en
mal puerto y si crees que te pudo dar laburo, menos aún; yo mismo la estoy peleando en el hospital y facturo
poco con los pacientes de obras sociales. Pero por nuestra vieja amistad aquí
estoy para escucharte. Antes de irme y no con ánimo de que te sientas mal,
solamente para que te conste, Samuelito Stern,
hoy es el doctor Stern, investigador y científico reconocido mundialmente y que
además tiene su propio laboratorio de investigaciones que factura
millones.-
Sacó del bolsillo
un billete de cien, se lo entregó al mozo junto con el ticket; este con una
mueca de disgusto le dio el vuelto, retiró los pocillos de la mesa y agradeció
una propina que aún no estaba. Fabi metió la mano dentro del saco, sacó unas
monedas que colocó sobre el mantel, miró a Cacho y le dijo que un
consejo era lo mejor que le podía dar. Además
agregó que quería ser claro con el mensaje por el bien de él; que trate
de escuchar y leer lo que promulga el Papa porque es concreto con respecto a
promover el diálogo interreligioso.
-Abrí tu cabeza
y retomá el estudio, recibite de algo que hayas postergado, cualquier cosa que
soñaste ser, con un título o con un oficio te resultará mas sencillo encontrar
trabajo, vas a ser una mejor persona, por lo menos una mas…sana.-
-¡Y dale con lo
mismo! como te lo tengo que decir Fabi, ¡no soy antisemita!, por lo menos creo
que ya no lo soy, hay veces que la vida te obliga a crear un personaje, lo
asumís y es difícil sacarse esa estigmatización, ese monstruo creado a medida
para los demás. Agradezco el consejo, pero no te llamé para pecharte plata ni
trabajo, que sé definitivamente no me lo podés ofrecer, sino te cité para
contarte algo que al único que se lo puedo revelar es a vos.-
Se hizo un silencio
angustiante, el repiqueteo del cuchillo de mermelada marcaba un molesto ritmo
marcial, el réquiem de lo que continuaría:
-Anteayer estuve
reunido con Samuelito, aunque vos no lo creas, lo llamé y me atendió el
teléfono, le pedí reunirse, acá, en este mismo lugar, y el hijo de puta vino
nomás. Pude hablar sobre los problemas económicos que estoy padeciendo, le
expliqué que no me la vi venir, que mi papá nunca me había hecho participe de
sus negocios. Le hice un pedido lastimoso que nunca creí que saldría de mi
boca, por lo menos a Samuel: la falta que me hace trabajar para ganar unos pesos. Le dije lo
increíble que me resulta estar buscando un laburo, algo que siempre
menosprecié. Sabes Fabi que no me interrumpió, simplemente me escuchó con mucha
atención. También tuve necesidad de contarle una pesadilla que se repite desde
que terminé la secundaria. -
Acercó su cuerpo a
la mesa, pasó la mano por el pelo dándose tiempo para comenzar el testimonio.
Trató de ser fiel al relató, necesitaba que Fabián escuche lo mismo que le
contó a Samuel; los pormenores de esos malos sueños, la aparición y su frecuencia, pero sobre todo
la falta de explicación o un nexo para
relacionarlo a eventos sucedidos
previamente, no lo tenía muy en claro. Cacho pensaba que lo más probable fuese
que estuvieran guardados en un compartimiento estanco, pero siempre, siempre
comenzaba el drama con él caminando en
medio de la noche gris.
…Un cuerpo se
hunde en una fangosa zanja; el antebrazo izquierdo numerado emerge buscando
asirse a la vida. Yo tomo con fuerza su mano; cuando siento que la presión
ejercida es la suficiente, comienzo a
tirar hacia arriba.
Es tanta la
energía que imprime que sus articulaciones se incrustan en mi piel causando
gran dolor. Una boca sombría e infinita sin contornos lo traga; el hedor
putrefacto hace irrespirable el lugar.
Tengo tanto miedo
de ser arrastrado y desaparecer en el negro pozo sin final que fundo mis dedos
a los de él. Las gotas de sudor en la frente corren una carrera frenética por
los surcos de mi cara; en forma ininterrumpida caen en el gran charco que rodea
la sombra de la imagen acusadora de no se quién...
Cacho detuvo el relato, inspiró profundamente
mientras secaba con una servilleta de papel las húmedas palmas de las manos.
Sabiendo de la emotiva expectativa que
generó la pesadilla en su amigo, continuó pausadamente.
…El hombro
comienza a doler; trato de ignorar la punzante molestia y continúo tirando con desesperación. El
brazo del desconocido empieza a desmembrarse, sin sangre, simplemente una
rajadura que se abre paso por la piel, dejando separada una grieta donde se
pueden ver músculos y huesos amarillentos entrelazados que impresionan por su
aspecto, remarcando la imagen nauseabunda de la vida misma. Y yo caigo, caigo en la
infinita oscuridad... Cacho al finalizar la narración, reconoció que en esa instancia del sueño, siente un abrazo tenso y opresivo en el pecho, como un presentimiento que el desenlace está pronto a venir y que despierta transpirado, llorando y angustiado por no haber visto a quién pertenece esa mano desesperada pidiendo salvación.
Tomó un generoso
sorbo de agua y continuó:
-Me escuchó
loco, me escuchó con mucha atención y sabes que Fabi, tenía los ojos mas
celestes y calmos que recuerdo haber visto jamás, su mirada no tenía nada de
rencor, ni de odio, cero venganza, simplemente me dijo que me presente al día
siguiente que el personalmente se ocuparía del tema; Fabián… ¡sabes que!, ¡la
puta madre que lo remilparió!... ¡me dio trabajo loco!, me dio trabajo y
también se mostró comprensivo con la confesión-.
-¿Y te
absolvió?, decime Cacho… ¿te pudo perdonar?
El barrio de
Belgrano R tiene un encanto especial, cuando anochece a muchos le gusta
sentarse unos minutos en el banco de la plaza Castelli y observar la
magnificencia del palacio Hirsh iluminado; esa noche después del encuentro Fabi
así lo hizo, con el pañuelo se secó la humedad del rostro que esa constante
brisa del norte le producía, extrajo su celular del bolsillo interior, apoyó
sus pulgares en el teclado virtual y escribió un mensaje de texto siempre
postergado… Perdón Samuel, perdoname por no haberte extendido la mano
cuando lo tuve que hacer.
La estridente
bocina del tren que se detuvo en la plataforma rompió la calma del lugar.
Definitivamente el
barrio de Belgrano R tiene un encanto especial. Los murmullos de las viejas
historias allí transcurridas se evaporan sigilosamente a medida que Fabián se
alejaba a paso firme, entremezclándose con los pasajeros que descendían en el andén de la vieja estación.
excelente por su temática y desarrollo
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Eliminarmuchas gracias
EliminarExcelente! Me encantó
ResponderEliminargracias
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
Eliminarte felicito! es atrapante desde el comienzo hasta el fin
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