miércoles, 23 de julio de 2014

"Samuel", por Mauricio Minc

SAMUEL

por Mauricio Minc  
 
 
Apresuró el paso. Debía llegar a las siete de la tarde a la confitería ubicada en las calles Conde y Echeverría donde se encontraría con su ex compañero Cacho.

El barrio de Belgrano R tiene un encanto especial. Al caminar por las veredas penetran en el transeúnte los sonidos que salen de las antiguas casonas, murmullos que cuentan historias allí transcurridas. Las nuevas construcciones y el verde predominante del paisaje causan un efecto de paz y tranquilidad en el caminante que transita sus calles, produciendo un atractivo especial la arquitectura del presente y del pasado.

Bordeó la mansión Hirsh, provocadora de una extraña seducción. Algunas mañanas, antes de ir al hospital, solía sentarse en un banco de la plaza Castelli y observar la magnificencia del palacio ubicado estratégicamente en el corazón del barrio.

Al llegar al lugar del encuentro, abrió la puerta y un exquisito aroma, mezcla de café y medialunas recién horneadas, envolvió sus fosas nasales.

Entró. A esa hora del día el vasto recinto se encontraba concurrido. Cerca de la ventana, Cacho, con el brazo elevado agitaba la mano tratando de llamar la atención. Se acercó, lo abrazó y le hizo saber lo intrigado que estaba por su llamado telefónico de la semana anterior y el interés en verlo; luego de los saludos habituales, dijo:

- ¡Tanto tiempo sin tener noticias tuyas!-

-Si, es verdad, hace casi una eternidad que no nos vemos-

Se sentaron. Hicieron un breve comentario sobre la gran concurrencia de gente y el elevado sonido de voces.

Cacho asintió moviendo la cabeza y con una risita forzada en los labios expresó:

- Hace mucho que no nos hablamos Fabi, tampoco estuve con ánimo de hacerlo y menos por celular, por eso te convoqué acá, un magnífico ambiente para una buena conversación-.

El lugar era el adecuado, los retrotraía a épocas pasadas, pero notaba que el paso de los años había producido una pintoresca máscara de preocupación en su ex compañero, un rictus que ya estaba incorporado en las facciones.

Cacho levantó el brazo para ubicar al mesero. Cuando se dio cuenta de que vio la seña, indicó con dos dedos el pedido. Siguió observando al mozo y esperó hasta escuchar a lo lejos el “maaarchen dos cortados mitá  y mitá”. Luego acomodó sus manos sobre la mesa y dijo:

- Te cité porque necesito hablar con todos mis amigos del school y a vos te considero uno de ellos, un compinche de fierro.-

- Dale, hablá sin rodeos.-

Los últimos rayos de sol se filtraban entrecortados por el ventanal dándole un aspecto ceremonioso a la confitería, Fabi esbozó una leve sonrisa cuando comparó el cuadro de situación con el de un piadoso feligrés confesando su conflictivo pasado.

-Mi viejo  murió hace unos meses, quedé solo, vos sabés que nunca laburé y ahora me la veo jodida, cuando se abrió el testamento me dí cuenta que la casona estaba hipotecada, no una hipoteca, ¡sino tres!; para que descanse en el panteón familiar vendí hasta la última cucharita de plata. ¡Quedé en la lona absoluta!

Fabián se presentía que por ahí venía la cosa, recordaba que en tiempos de estudiante en muchas ocasiones almorzaban en esta misma confitería y conversaban sobre proyectos de vida,  su amigo siempre se había jactado diciendo que los López Anzorrategui tenían fortuna para varias generaciones y cuando se charlaba sobre cual trabajo, oficio o que sueño sería el adecuado para cada uno, el observaba desde su prosapia y aclaraba, “Padre dice que el trabajo con los músculos lo hace la negrada, para hacer negocios están los judíos y nosotros gastamos el usufructo,  como le corresponde a una persona de bien”.

El recuerdo lo trajo al presente, al drama con final anunciado, por tal motivo expectante acotó:

-¡Qué cagada!,  nunca te gustó el trabajo, tampoco el estudio- al mismo tiempo recordó como con su encanto lograba la admiración de todos, inclusive la de él, en lo que respecta a las proezas deportivas y el éxito con las chicas. -

-Es verdad, no soy como… ¿te acordás de Samuelito?, el rusito traga que la teacher y los profesores ponían de ejemplo-.

Fabián se retrotrajo a aquella época, a las veces que se burlaban cruelmente del compañero  y que en apariencia se  bancaba piola todas las jodas, por lo menos frente al resto de la clase, lo que hoy llamarían bullying psicológico. También recordaba aquella noche, la peor de todas, cuando se habían encontrado para romper un vidrio de la casa de Samuelito, el hermano que dormía en la habitación salió todo ensangrentado. La familia y las autoridades nunca supieron quién lo hizo o no quisieron enterarse, no hubiese estado bien visto si lo relacionaban con el colegio. También recordaba las primeras reuniones de la ex cofradía cuando comentaba aquel lamentable episodio y obtenía como respuesta vos también lo disfrutaste.

Pasado el tiempo Fabi siguió creyendo que en esa época de estudiante secundario se comportó como un verdadero idiota.

-El tiempo me enseñó que fuimos muy injustos con Samuel-.

-¡Que vamos a ser injustos!, el hijo de puta tenía el porvenir asegurado-

-¿Porqué crees eso?, los abuelos vinieron de Polonia y acá la tuvieron que luchar para levantarse, dicho en criollo, se rompieron el culo para progresar -

-Que ingenuo que sos Fabi, no sabes que todos los judíos tienen guita, se dedican a al negocio financiero o de bancos; no sabés que se ayudan entre ellos para ser los dueños de la plata del mundo-

El mozo se acercó a la mesa y siguiendo una fórmula preestablecida, depositó servilletas de papel, un platito con masitas de chocolate, dos vasos de agua fría, los cortados, el ticket con la cuenta y un recipiente que contenía sobres de azúcar y edulcorante.

A Fabi le pareció estar sentado frente al mismo compañero de la secundaria, al adolescente  lleno de prejuicios influenciado por una familia católica y tradicional de estirpe argentina venida a menos, los López Anzorrategui.

Al tiempo que daba vueltas la cucharita en la tacita, Fabián reflexionó en voz alta:

-Seguís siendo un antisemita de mierda que te basas en erróneos y perimidos estereotipos.-

-¿Antisemita yo? ¿Le decís antisemita a Cachito?,  cambié mucho desde que terminé el cole, ahora soy otro, no tengo nada contra los rusos… digo contra los judíos. Mas te voy a decir, hace dos años me hice amigote de uno de ellos en el club y para que te des cuenta de lo equivocado que estás, hasta lo invité a integrarse al equipo de fútbol.-

 -Cacho, ¡pedazo de boludo!… ¿Entendés lo que estas diciendo?- ¿te estas escuchando? pasaron los años y seguís sin entender que la inmensa mayoría de nuestros abuelos fueron inmigrantes y entre todos hicieron esta Argentina,  además la inmigración judía aportó mucho a este país.-

-No loco, no te confundas, ¡yo no soy antisemita! , las cosas que le decía y hacía a Samuelito eran otro tema, cosas de un pendejo pelotudo.- A continuación relató el día que  fue a la casa con el grupo a estudiar y se sorprendió al conocer a la mamá dándose  cuenta que era como todas las madres, contó como les sirvió un biscochuelo buenísimo y les dijo que lo había cocinado con una receta de sus abuelos de Europa;

-El que no me gustó fue el viejo, creo que era sastre o tenía una sastrería o algo así, un ruso de mierda, no se le entendía un carajo el idioma, una mezcla de argentino con alemán. No men, cambiá el concepto que tenés de mí, ahora tengo fascinación por los judíos, como uno no puede tenerla si son los dueños de la banca, de los medios de información, ganan premios Nobel y te digo mas, son los que manejan al negro en Estados Unidos.-

La señora de la mesa contigua apretó con fuerza el cuchillo de la mermelada mientras movía la cabeza de un lado hacia el otro en señal de malestar y desaprobación por lo que entrecortadamente escuchaba.

Fabi estaba incomodo, la situación y la conversación lo habían saturado.

Cacho sin percibir ese fastidio  en su amigo continuó:

-Pero te repito que no soy antisemita, vos estás confundido y me duele que aún creas eso, no tengo nada contra  ellos, mi amigo judío del club te lo puede decir, en el vestuario, cuando nos duchamos, ni se me ocurriría joderlo con el pito cortado. Además, en mi familia se rumoreaba a soto voce que mis ancestros, los López Anzorrategui vinieron a América escapando de la Inquisición.-

Fabián levantó la mano para llamar al mozo, hizo un gesto en el aire con los dedos para pedir la cuenta y el mesero fastidiado asintió con la cabeza.

-Me tengo que ir Cacho, un paciente en el domicilio, una consulta...no lo puedo demorar, no entiendo todavía para que me citaste, si es para que te preste plata caíste en mal puerto y si crees que te pudo dar laburo, menos aún;  yo mismo la estoy peleando en el hospital y facturo poco con los pacientes de obras sociales. Pero por nuestra vieja amistad aquí estoy para escucharte. Antes de irme y no con ánimo de que te sientas mal, solamente  para que te conste, Samuelito Stern, hoy es el doctor Stern, investigador y científico reconocido mundialmente y que además tiene su propio laboratorio de investigaciones que factura millones.- 

Sacó del bolsillo un billete de cien, se lo entregó al mozo junto con el ticket; este con una mueca de disgusto le dio el vuelto, retiró los pocillos de la mesa y agradeció una propina que aún no estaba. Fabi metió la mano dentro del saco, sacó unas monedas que colocó sobre el mantel, miró a Cacho y le dijo que un consejo  era lo mejor que le podía dar.  Además  agregó que quería ser claro con el mensaje por el bien de él; que trate de escuchar y leer lo que promulga el Papa porque es concreto con respecto a promover el diálogo interreligioso.

-Abrí tu cabeza y retomá el estudio, recibite de algo que hayas postergado, cualquier cosa que soñaste ser, con un título o con un oficio te resultará mas sencillo encontrar trabajo, vas a ser una mejor persona, por lo menos una mas…sana.-

-¡Y dale con lo mismo! como te lo tengo que decir Fabi, ¡no soy antisemita!, por lo menos creo que ya no lo soy, hay veces que la vida te obliga a crear un personaje, lo asumís y es difícil sacarse esa estigmatización, ese monstruo creado a medida para los demás. Agradezco el consejo, pero no te llamé para pecharte plata ni trabajo, que sé definitivamente no me lo podés ofrecer, sino te cité para contarte algo que al único que se lo puedo revelar es a vos.-

Se hizo un silencio angustiante, el repiqueteo del cuchillo de mermelada marcaba un molesto ritmo marcial,  el réquiem de lo que  continuaría:

-Anteayer estuve reunido con Samuelito, aunque vos no lo creas, lo llamé y me atendió el teléfono, le pedí reunirse, acá, en este mismo lugar, y el hijo de puta vino nomás. Pude hablar sobre los problemas económicos que estoy padeciendo, le expliqué que no me la vi venir, que mi papá nunca me había hecho participe de sus negocios. Le hice un pedido lastimoso que nunca creí que saldría de mi boca, por lo menos a Samuel: la falta que me hace  trabajar para ganar unos pesos. Le dije lo increíble que me resulta estar buscando un laburo, algo que siempre menosprecié. Sabes Fabi que no me interrumpió, simplemente me escuchó con mucha atención. También tuve necesidad de contarle una pesadilla que se repite desde que terminé la secundaria. -

Acercó su cuerpo a la mesa, pasó la mano por el pelo dándose tiempo para comenzar el testimonio. Trató de ser fiel al relató, necesitaba que Fabián escuche lo mismo que le contó a Samuel; los pormenores de esos malos sueños,  la aparición y su frecuencia, pero sobre todo la  falta de explicación o un nexo para relacionarlo  a eventos sucedidos previamente, no lo tenía muy en claro. Cacho pensaba que lo más probable fuese que estuvieran guardados en un compartimiento estanco, pero siempre, siempre comenzaba el drama  con él caminando en medio de la noche gris.

Un cuerpo se hunde en una fangosa zanja; el antebrazo izquierdo numerado emerge buscando asirse a la vida. Yo tomo con fuerza su mano; cuando siento que la presión ejercida es  la suficiente, comienzo a tirar hacia arriba.

Es tanta la energía que imprime que sus articulaciones se incrustan en mi piel causando gran dolor. Una boca sombría e infinita sin contornos lo traga; el hedor putrefacto hace irrespirable el lugar.

Tengo tanto miedo de ser arrastrado y desaparecer en el negro pozo sin final que fundo mis dedos a los de él. Las gotas de sudor en la frente corren una carrera frenética por los surcos de mi cara; en forma ininterrumpida caen en el gran charco que rodea la sombra de la imagen acusadora de no se quién...

Cacho detuvo el relato, inspiró profundamente mientras secaba con una servilleta de papel las húmedas palmas de las manos. Sabiendo de la emotiva expectativa  que generó la pesadilla en su amigo, continuó pausadamente.
                                                                                                                                                                                                                                                           …El hombro comienza a doler; trato de ignorar la punzante molestia  y continúo tirando con desesperación. El brazo del desconocido empieza a desmembrarse, sin sangre, simplemente una rajadura que se abre paso por la piel, dejando separada una grieta donde se pueden ver músculos y huesos amarillentos entrelazados que impresionan por su aspecto, remarcando la imagen nauseabunda de la vida misma.  Y yo caigo, caigo en la infinita oscuridad...

Cacho al finalizar la narración, reconoció que en esa instancia del sueño, siente un abrazo tenso y opresivo en el pecho, como un presentimiento que el desenlace está pronto a venir y que despierta transpirado, llorando y angustiado por no haber visto a quién pertenece esa mano desesperada pidiendo salvación.

Tomó un generoso sorbo de agua y continuó:

-Me escuchó loco, me escuchó con mucha atención y sabes que Fabi, tenía los ojos mas celestes y calmos que recuerdo haber visto jamás, su mirada no tenía nada de rencor, ni de odio, cero venganza, simplemente me dijo que me presente al día siguiente que el personalmente se ocuparía del tema; Fabián… ¡sabes que!, ¡la puta madre que lo remilparió!... ¡me dio trabajo loco!, me dio trabajo y también se mostró comprensivo con la confesión-.

-¿Y te absolvió?, decime Cacho… ¿te pudo perdonar?

El barrio de Belgrano R tiene un encanto especial, cuando anochece a muchos le gusta sentarse unos minutos en el banco de la plaza Castelli y observar la magnificencia del palacio Hirsh iluminado; esa noche después del encuentro Fabi así lo hizo, con el pañuelo se secó la humedad del rostro que esa constante brisa del norte le producía, extrajo su celular del bolsillo interior, apoyó sus pulgares en el teclado virtual y escribió un mensaje de texto siempre postergado… Perdón Samuel, perdoname por no haberte extendido la mano cuando lo tuve que hacer.

La estridente bocina del tren que se detuvo en la plataforma rompió la calma del lugar.

Definitivamente el barrio de Belgrano R tiene un encanto especial. Los murmullos de las viejas historias allí transcurridas se evaporan sigilosamente a medida que Fabián se alejaba a paso firme, entremezclándose con los pasajeros que descendían  en el andén de la vieja estación.

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